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Capilla Sixtina o el elogio de lo inefable
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Por: Bews

25 de Junio de 2003: de Roma me fui profundamente emocionada. El momento sublime ocurrió en los Museos del Vaticano, donde 8 km de exposiciones se suceden entre jardines, palacios, escalinatas y desbordes... todo bajo el calificativo “señorial”.
Cada sala  responde a uno o varios pontificados y cada Papa se ocupó de imprimir su estilo, todo lo cual quedó plasmado en habitaciones de vastas dimensiones, techos abovedados (decorados con frescos de colores – verdaderas obras de arte en sí mismas), grandes ventanales con vista a los patios, pisos trabajados en cerámica y paredes murales.
Los Museos del Vaticano contienen una riqueza incalculable en colecciones de arte clásico, etrusco, egipcio, contemporáneo y moderno... en su mayoría obsequios que los príncipes y presidentes, las religiones y las grandes organizaciones ofrecieron a la autoridad papal. Sobresalen unos tapices de los siglos XI a XVI (con evocaciones de las Cruzadas), una serie de mapas concebidos por discípulos de Galileo Galilei y una pinacoteca riquísima con obras de Caravaggio, Da Vinci, Rafael, Tiziano, Veronese, etc.
Es necesario atravesar completamente los Museos (viendo sin mirar, tanta es la profusión de la belleza) para llegar a la Capilla Sixtina, tal vez la máxima atracción del Vaticano (bueno, junto a La Piedad , la obra de Bernini, la misma Basílica de San Pedro y las Estancias de Rafael).
Es que Miguel Angel Buonarotti desplegó buena parte de su genialidad en la concepción de la Capilla Sixtina.  Así, “El Juicio Final”, escalofriante y profético, desgarra por su simple interpretación de la situación apocalíptica.
Allí está Dios, con su dedo anular, echando del cielo a Satanás; están las pieles de San Bartolomé, elevándose a la eternidad; está la barca del Dante, esperando a los pecadores; están los cuerpos corrompidos, hundiéndose en los confines del infierno.
La apreciación de la escena implica un desafío para la agudeza visual, puesto que los detalles se diluyen en la inmensidad de la obra.

El pasaje del asombro a la estupefacción
El techo de la Capilla revela “La Creación”. Allí están Dios y el hombre como continuación del uno en el otro. Allí está la imagen y la semejanza del Padre con el hijo.
Dios, nuevamente con el dedo anular en movimiento. Pero ésta vez no para condenar, sino para comunicar la vida al primero de los hombres. Justo en el centro de la Capilla Sixtina, “La Creación” es la exaltación constante de la unidad entre el cuerpo y el espíritu.
Creo que quizás Miguel Angel intentó darle colores a ese misterio que se mantiene inmutable con el correr de los siglos y que estará vigente mientras exista humanidad...


Miguel Angel Buonarotti


La Creación. Encuentro de Dios con el hombre