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La economía y las motivaciones
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Por: Bews
Tiene 75 años y un Phd en la Universidad de Chicago. Aún dicta clases en la Facultad de Ciencias Económicas. Escribió algunos libros y leyó muchísimos otros.
Sigue a DIXI, número tras número. En su oficina pulcra y sencilla, respondió mi cuestionario. ¿El tema elegido? Sí, sí, cavilaciones sobre la vocación.

Bews: ¿Cómo llegó a la Facultad?
Cordomí: Yo estaba interesado en hacer ciencia en serio. Tal vez hubiese seguido la licenciatura en matemáticas, pero con mi formación de Perito Mercantil, en aquella época, a lo sumo podía aspirar al profesorado, en la Facultad de Filosofía y Letras.
Hice unos años en la Escuela de Comercio, donde tuve una experiencia regular. Mis compañeros eran muy agresivos conmigo, porque buscaba yo nuevos desafíos y ellos o la mayoría de ellos, ya venían con criterios e intereses  propios de una rutina del trabajo.
De modo que la vocación, para desarrollarse, también necesita de un ambiente adecuado.
Terminé en Ciencias Económicas por exclusión: la agresión ambiental en los cursos  nocturnos de la Escuela de Comercio, la imposibilidad de acceder a la Licenciatura en Matemática... Así llegué a integrar la primera promoción en la carrera de Contador Público-Licenciado en Ciencias Económicas de la UNT (1947, 25 ingresantes).

Bews: ¿Recuerda cuál era la lectura predilecta de su infancia?
Cordomí: A mí me impresionó mucho la obra de Charles Dickens, sobre todo algunas situaciones, como la prisión por deudas o el trabajo de los niños en las fábricas. Pero pienso que ya estaba en primer año de la Universidad. De niño leía los cuentos de Constancio C. Vigil, que se vendían en la Librería Francesa por 10 cvos. Me acuerdo de algunos... “La hormiguita viajera” y “El imán de Teodoro”.

Bews: ¿Y a qué jugaba en esos años?
Cordomí: Me dedicaba a la huerta y a la cría de aves, lo que sería horticultura y avicultura. Leía la publicación “La Chacra” como si fuera un profesional. En esos entretenimientos descubrí, por ejemplo, la importancia de la dieta balanceada y que las gallinas pierden muchas calorías cuando de noche y en un estado más o menos casero, suben a los árboles para dormir.

Bews: ¿Qué hizo luego de concluir la Universidad?
Cordomí: Tan temprano como en 1947 yo había sido nombrado ayudante estudiantil de Matemáticas pero por motivos políticos tuve que dejarla... no quería mencionarlo, pero no importa, ya los perdoné.  Esperé hasta el año 1955 para volver a la Facultad. En el entretiempo ejercía la docencia libre o particular para los alumnos que desearan aprender Estadística Metodológica.

Bews: ¿Qué es la Universidad?
Cordomí: Mejor que definirla es preguntarse por sus funciones. Yo siempre insistí en tres de ellas, que me parecen fundamentales: impartir en los cursos regulares el saber aceptado que hace a la formación de los profesionales; desarrollar nuevos conocimientos y una tercera: detectar e identificar a los individuos talentosos.
Pero lo que la Universidad da al graduado es algo que no dura mucho.. lo que un profesional sabe 5, 7 o 10 años después de la obtención de su título se debe a los ambientes en los que desarrolló sus actividades, a las personas con las que interactuó y a los desafíos que encontró en su camino.

Bews: ¿Hasta qué punto es necesaria una vocación fuerte y concreta para que un educando – en su tarea diaria - pueda transformar positivamente su realidad?
Cordomí: Yo no estoy muy seguro de la palabra “vocación”, a veces prefiero usar “motivación”. Creo que a veces ambos conceptos se confunden, pero lo que importa es encontrar el desafío. Por ejemplo, el caso del matemático Fermat*, quien era un seminarista que deseaba servir a Dios. Tenía condiciones espléndidas para la matemática, pero su vocación estaba interfiriendo y de continuar, prácticamente hubiera anulado el desarrollo allí dónde él tenía ventajas comparativas. Y fue un compañero en el sacerdocio quien lo estimuló para que se dedicara al cultivo de la matemática.
Ahí tiene usted el caso de una persona con vocación sacerdotal, con condiciones excepcionales para la ciencia, que necesitó de un tercero para motivarse.
Para mí entonces es necesaria la motivación, la vocación y que el ser humano esté inserto en un programa educativo.

 

*N.de la R.: Pierre de Fermat, matemático francés nacido en 1601 y fallecido en 1665 a quien se debe la primera aplicación del cálculo a las cantidades diferenciales para encontrar las tangentes. Comparte con Pascal el descubrimiento del cálculo de las probabilidades.


Cordomí leyendo, siempre leyendo