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¿De quién es la Plaza de Mayo?
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Por: Francisco Jáuregui

En mi camino hacia la facultad me resulta inevitable el encuentro con este monumento histórico viviente. Automáticamente mi imaginación se remonta unos doscientos años, donde no sólo cambia la estructura arquitectónica sino que surgen sentimientos e ideales que hoy se encuentran extinguidos.

La historia enseña que en esos tiempos existieron personas - hoy próceres - que decidieron tomar las riendas de la libertad y asumir la responsabilidad de una revolución independentista. Fue esta misma plaza donde ocurrieron los primeros movimientos populares sedientos de grandeza.

Mi andar distraído y melancólico se ve interrumpido por un obstáculo que me impide el paso. En segundos vuelvo a la actualidad. Mi mente ,todavía un tanto confundida, no concibe distinguir que lo que me acecha es un colosal vallado. Desafiante y compacto, se extiende por metros y metros, abarcando el ancho de la plaza. A medida que mi visión se aclara y mi cabeza se adapta a la situación, caigo en cuenta de que las vallas defienden estratégicamente este espacio. Bismarck sentiría envidia, tanto como yo siento desconcierto. El Cabildo está allí, la Catedral está allí y a lo lejos, diviso la Casa Bicolor.

Un ritmo pegadizo y constante me regresar aún más a la realidad, mientras centenares de personas clasificadas en unos pocos colores avanzan hacia mi. Del otro lado se ubican, imponentes, las legiones encargadas de la seguridad pública. Confundido, opto por escabullirme rápidamente y analizar esta escena desde un segundo plano.

Siempre es más fácil dejar hacer que imponerse y decir no, en la creencia de que así se obtiene la aprobación del pueblo.

Luego de un rato, la situación se clarifica: "piqueteros" vs. "policías" y como escenario, la Plaza de Mayo. A partir del surgimiento de este fenómeno, el reclamo pasó a tener nueva forma y nombre. La etimología de la palabra no existe, sólo puedo remitirme al lunfardo que dice que "piquetero" es igual a "reclamo pacífico", "garantías constitucionales", "representación de las necesidades del  pueblo", etc.

Para su "reclamo pacífico", los piqueteros tienen instrumentos bélicos dignos de un ejército del tercer mundo; enmascarados como caballeros de la edad media, marchan al campo de batalla, en actitud de ataque.

Los piqueteros fundamentan su actuar en garantías constitucionales que mal interpretan y que violan en el mismo acto en que dicen defenderlas. Dicen, también, que luchan por causas justas, que la sociedad desconoce. Sostienen que su obrar representa al pueblo, pero a mí no y soy parte del pueblo.

Por eso escribiendo lo que escribo, para demostrar que las ideas sí pueden transmitirse pacíficamente y que esto también es una lucha.
Pero aclaro: el "piquetero" no es el culpable; no sería justo responsabilizar a una minoría por los errores de la mayoría.

Unidos en un crisol de razas, formamos una sociedad atípica, que se aferra con melancolía a una grandeza que hoy no existe más.

Creemos ser superiores a nuestras naciones vecinas, pero en verdad somos ciudadanos corruptos que no observamos las leyes. ¿Para qué cumplir si todos infringen?

La corrupción nos carcome cual parásito, sin poder destruirnos. El consenso popular dice que un cargo público trae aparejado el "derecho divino" de robar.
Por otro lado, el poder se encuentra en un gobierno permisivo que anarquiza al país, sometiendo al pasado a un  juicio constante en desmedro del porvenir.

Siempre es más fácil dejar hacer que imponerse y decir no, en la creencia de que así se obtiene la aprobación del pueblo. Es más práctico fomentar la vagancia disfrazada en caridad con los "Planes Trabajar", que capacitar y ofrecer una fuente real de trabajo. Resulta más cómodo vallar la Plaza de Mayo,  que concientizar a la gente de que tenemos demasiadas obligaciones como para pasar perder un día de "reclamo". Así somos nosotros.

Creemos ser superiores a nuestras naciones vecinas, pero en verdad somos ciudadanos corruptos que no observamos las leyes. ¿Para qué cumplir si todos infringen?

Estoy cansado de representantes que no proponen planes lógicos para sacarnos adelante. Desde que volvimos a la democracia, la clase política sólo consiguió dividirnos socialmente, formando dos clases y media, porque la del medio desaparece para acrecer a la última.

Creo en el abandono del individualismo y la construcción de un frente para la lucha genuina. Es el único recurso legítimo para impedir el avance de la mediocridad.
Me pregunto otra vez: ¿a quién pertenece la Plaza de Mayo? Y no tengo la respuesta mientras en cada argentino no germine la necesidad de hacer del nuestro, un país mejor.