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Artesanos al atardecer
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Por: Bews
Elena tiene 65 años y junto a su yerno, Diego (37), expone tejidos, llaveros grabados en caña, botones y platería. “Es nuestro medio de vida”, le cuentan a esta cronista, que no puede despegar los ojos del stand.

Soledad, de 27, es licenciada en Artes. Se dedica a la producción de objetos en cerámica. Ceniceros, lámparas, guardas, bachas para el baño… la entrevistada asegura que cada producto es original. Comenta que normalmente trabaja con arquitectos, pero que la feria le sirve para dar a conocer sus trabajos.
Raúl, de 51, elabora cajas artesanales de cartón, forradas con papel de empapelar. Es su oficio desde hace más de una década. Una caja promedio, ni muy cara ni muy barata, cuesta 4 pesos. “Es la primera vez que vengo a la feria… veo con alegría que la gente comienza a valorar más las artesanías  y que está dispuesta a pagar la diferencia”, aprecia Raúl.
“Tres años atrás comencé a pintar remeras por encargo”, me cuenta Pato (27) que vive de la venta de ropa decorada con motivos rústicos. Para sus diseños elige dibujos étnicos y tribales. Asegura que no pinta dos remeras iguales y que cada prenda le lleva aproximadamente un par de horas de trabajo. Pato estudia Comercialización y espera obtener un crédito para progresar en su emprendimiento.
Verónica, Natalia e Inés son jóvenes arquitectas y se llegaron a Yerba Buena atraídas por la originalidad de la muestra. “Es interesante y convocadora; las artesanías son novedosas y el ambiente es agradable”, coinciden las tres al momento de calificar a la feria dominguera de La Malegría, que comenzó hace un mes y medio y seguirá vigente durante todo el año.
Fernando Ríos (40) es el propietario de la casona-bar y el ideólogo de la feria, que el domingo 31 de octubre contaba con treinta y ocho expositores y ciento diez artesanos inscriptos.

Una propuesta sencilla
Para participar sólo hace falta ser un artesano verdadero – los revendedores están expresamente excluidos -, estar inscripto en un listado y obtener una invitación. “Todos tienen al menos una posibilidad de exponer, en la cual evaluamos algunos aspectos que nos importan, como el comportamiento, la seriedad, la calidad y la cantidad de la producción y a partir de allí decidimos si el stand tendrá o no continuidad”, comenta Fernando Ríos.
Una vez que se concreta la invitación, el artesano sólo tiene que traer lo que pretende exponer y vender. La Malegría asigna todo lo demás: luz, agua, mesas, sillas, paños… inclusive se encarga de publicitar la feria y de programar eventos complementarios. Aquel domingo, por ejemplo, se presentaba la banda “Civitas Dei”. “Mi intención es que el espacio se convierta en un paseo y que a los expositores no les signifique ningún costo”, expresa Ríos.
Y vaya que lo es. La Malegría es un sitio hermoso de por sí: emplazada a una cuadra del corazón de Yerba Buena, conjuga la paz de un jardín alejado de la ciudad con la belleza de un edificio de líneas distinguidas. Durante la semana, el bar funciona de noche y especialmente en verano, cuando huir del calor no es una necesidad, sino un imperativo físico y moral.
La feria dominguera reúne a artistas y a familias en un ambiente común. No faltan las luces típicas (esas que se cuelgan de un extremo al otro), ni la decoración, ni las excusas para tomar algo fresco con buena compañía.
“Esta feria dominguera no tiene sofisticaciones, por el contrario, la idea es de una gran sencillez”, reflexiona su creador.

Así salimos adelante
Fernando Ríos dice que siempre estuvo ligado a los artesanos. Y que la feria es su aporte a la cultura, desde su posición de ciudadano.
En La Malegría el clima es festivo… como si la tarde se hubiera vestido con colores vivaces o como si esa misma tarde supiera que la noche oscura no es su destino inexorable.
Por allí y por allá deambulan los curiosos, que miran con atención los productos desplegados sobre los paños rojos, preguntan, hacen comentarios y admiran. Alguien se prueba un pañuelo, alguien piensa si a otro alguien le gustará como regalo. Una mujer le enseña a un niño cómo usar un caleidoscopio. Otros niños juegan a un costado, ajenos a todo.
La música es el telón de fondo de la escena, que de lejos y en perspectiva, recuerda a las postales de Montmartre, París… Es sólo una feria de domingo, pero la percepción es más amplica, como si Yerba Buena entera se engalanara en arte, creatividad y alegría.

Back Stage
La feria se prepara desde temprano. A partir de las 16:00 comienzan a llegar los artesanos y quienes los ayudan a colocar sus productos, los asisten y distribuyen los espacios.
A las 19:00 ya está todo listo para la llegada del público.