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El perjuicio del prejuicio
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Por: Aveju

No se puede fundar el conocimiento en base al prejucio. Dicha afirmación – a pesar de ser una negación – pareciera ser, también, una redundancia. Sin embargo, pongamos en tela de juicio la aparente obviedad de la cláusula inicial.
¿Cuántas veces nos permitimos la reflexión sobre aquello que nos parece obvio?
Deberíamos pensar en la real incidencia de los “mandatos sociales” a la hora de definir nuestras posiciones frente al mundo. ¿Estamos exentos de la formulación de ideas previas, de esas representaciones que “tradicionalmente” nos han ido transmitiendo, formando lo que tranquilamente podría denominarse una genealogía de lo dado, de lo aceptado, de lo incuestionable?
 
¿Cuántas veces nos permitimos la reflexión sobre
aquello que nos parece obvio?

Con más indignación que tristeza, advierto que muchos de los artículos que se presentan como “miradas actuales sobre nuestra sociedad”, están teñidos de verdades aterciopeladas, (en)cubiertos por un manto de prejuicio, tendientes siempre a juzgar – en base a la mera descripción de datos (los que a su vez resultan evidentes a la más ingenua observación) – y carentes de la más mínima reflexión y/o explicación de los por qué de tales o cuales fenómenos.
El riesgo o la gravedad de estas “lecturas sociológicas” es el simple hecho de que sirven para reforzar modelos previamente cristalizados, connotados negativamente al ser una “desviación” de lo convencional y que reproducen la estigmatización a diversos grupos humanos que constituyen nuestro cuerpo social.
No dejemos que nos coloquen (¡ni mucho menos nos coloquemos nosotros!) las anteojeras del prejuicio, tengamos en claro que una mirada libre de obstáculos puede contemplar la “realidad” y abordarla, logrando una mayor aproximación y un más sano entendimiento de este mundo de interrelaciones que nos ha tocado en suerte.

Fe de erratas

Dixi hace un mea culpa y dice:
Que en el número XII y por imponderables de la tipografía se extraviaron varios guiones, como estos (-).
En el texto “La Combustibilidad del Tiempo” de Jorge Abboud se agregó la palabra “justifica” en la última línea.
En la editorial que escribió Aveju nos comimos la “c” de dialéctica.
En la entrevista a Julio Ardiles Gray se nos olvidó colocar el verbo “vino” para indicar que el periodista viajó a Tucumán a recibir el título honoris causa.
En “Historias de mi ciudad”, pusimos brasilero en lugar de portugués y Chohpra en vez de Choprah.
Y por fin, pedimos disculpa a Elsa Canseco, a quien apellidamos “Canselo” en el artículo de La Botana.
Dicho esto, proseguimos.