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Revistas, revistas y más revistas (culturales, alternativas e independientes)
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Por: Bews
La gran cantidad de revistas culturales aparecidas en los últimos cinco años demuestran que Tucumán es UN OASIS PARA LA PRODUCCION LITERARIA Y PERIODISTICA.


“Contramano nació como una revista de actualidad tucumana, pero con un tinte investigativo. Todos los números se caracterizaron por tener al menos un tema de investigación, casi siempre relacionado a política”, escribe Nicolás Balinotti desde Buenos Aires. “Contramano dejó de publicarse por varias razones, pero principalmente por problemas económicos. De cualquier modo, conseguimos cosas importantes, pese a ser un medio nuevo y pequeño. Por ejemplo, se conoció que el hermano de Sisto Terán era empleado de la Legislatura, pero vivía en Buenos Aires; que había un alto grado de evasión en las casas de cambio…”, reflexiona Nicolás.

Contramano, Cerouno, A y C, El Fabulario, Punto Fak, Punto Negro, Click, La Hoja, Rayuela, Cambiar NOA, Ediciones Sembrando Ilusiones, La Aldea, Oh Culto, Garavateando, Cabezas Cuadradas y Cartelera Cultural son nombres que remiten a publicaciones que existieron –algunas, por suerte, continúan vigentes- y que insuflaron “nuevos aires” a la difusión de la cultura. Y por supuesto, por medio de ellas, la realidad pudo comprenderse desde otras perspectivas, tan valiosas como necesarias en una sociedad que crece al ritmo del caos y que no descansa, aunque a veces miente con su apariencia tranquila.

La creación de un medio, en la mayoría de los casos, viene precedida por cierta bohemia y por una dosis alta de altruismo. “El nombre ‘La Aldea’ provoca varias asociaciones. Lo primero que se viene a la cabeza es un pequeño poblado. ‘Tucumán es una aldea’ reniegan algunos, por ejemplo, con una mezcla de amor y odio. ‘Hay que abandonar la aldea’ proponen otros, con ansias de salir al mundo.
En oposición a estas expresiones desencontradas con el terruño propio está la remanida frase ‘pintá tu aldea y pintarás el mundo’. En ella se afirma la convicción de que se puede ser universal a partir de lo particular, de que el mundo está presente en cada una de las aldeas que lo componen y de que no hay conflicto entre lo local y lo global”, dice la editorial del primer y único número de “La Aldea”, una revista que nació el 18 de diciembre de 2001.

Pero la génesis de estos experimentos literarios y periodísticos muchas veces roza la poesía, el escepticismo, la fuga y un armazón duro de grandes convicciones. Así le sucedió a Rogelio Ramos Signes, creador de la revista “A y C” (Arquitectura & Construcción), que se metió en una publicación para poder sobrevivir en una época terrible -últimos tiempos del golpe militar y de la Guerra de las Malvinas-, donde no había trabajo.

Lo cierto es que la compleja trama cultural de Tucumán ha dado lugar a todo tipo de emprendimiento mediático. La vida universitaria es un elemento fundamental e insoslayable para comprender este tema, puesto que muchas revistas surgieron a la sombra de la Academia (como La Hoja, de la Facultad de Filosofía y Letras, y Punto Fak, de la carrera de Ciencias de la Comunicación). Por lo demás, todas las publicaciones apuntan, de un modo más o menos ostensible, a captar la atención de estudiantes, docentes y profesionales. En pocas palabras, de la gente que lee, aunque esa categoría es más amplia y también existe fuera de los claustros.

El dilema es la supervivencia
Pero a poco de andar, las revistas culturales, de bajo presupuesto y nobles intenciones, sufren los primeros efectos nefastos de la idiosincrasia local. A saber y a título enunciativo: plantas impresoras que cambian sus precios sobre la marcha y que están acostumbradas a la dictadura de la técnica por sobre las ideas, lo cual se traduce en entregas atrasadas, extemporáneas y viciosas; el Estado que no coopera ni económica ni moralmente, que cuando participa paga mal y a destiempo, además de condicionar la libertad de expresión y cuando no participa… sólo es una bestia dormida e indiferente; los empresarios que pretenden sacar el máximo provecho con la mínima inversión, cuyo poder se manifiesta en desconsideración hacia el tiempo y el esfuerzo que una revista implica. Pero así y todo, es válida la siguiente aclaración: ¡qué sería de nosotros sin la apuesta del ámbito privado!

“Hasta aquí, Garavateando implicó muchísimo esfuerzo y poca plata”, dice Manuel Torres.
Es que hacer una revista implica una gran abnegación sin retribución a corto plazo. “En  Rayuela nos damos el gusto de ensayar comprometidamente, de difundir a artistas e investigadores sudamericanos, de redefinir la relación saber – público. Buscamos acortar esa virtual y elitista distancia que se quiso imponer entre la cultura y la sociedad de masas”, explica Andrés Herrera, uno de los fundadores de Rayuela. Pero de recursos materiales, ni hablar.

Un alto porcentaje de las quince revistas que esta cronista consultó se distribuía gratuitamente o a un bajísimo costo. Ninguna de ellas logró ingresar al circuito de comercialización de los grandes medios gráficos (quioscos y voceo de canillitas). Por ende, esto implica que en Tucumán las publicaciones culturales nuevas y no masivas son distribuidas por las mismas personas que venden avisos, vigilan su impresión (o su publicación en Internet), escriben y sostienen la magia del emprendimiento. Menuda tarea para realizar en el “tiempo libre”, sin remuneración y con escaso reconocimiento. “El público es bastante cruel, muchas veces se queda en detalles superficiales –como el papel o la cantidad de colores- y no valora la artesanía que hay detrás de una revista”, expresa Andrés Herrera.

Es cierto que los grandes obstáculos terminan derribando las empresas de los editores noveles. Pero tal vez durar no sea, en este ámbito, la consigna más importante.

Intentar es fundamental
Lo esencial es que a lo largo de un lustro se reprodujeron las propuestas gráficas y que cada una de ellas fue un loable intento por abrir el juego de los medios tradicionales y apostar a algo distinto. A veces sofisticado y dark (Punto Negro), a veces romántico e ingenuo (Ediciones Sembrando Ilusiones)… los adjetivos son peligrosos para definir a los “recipientes” que trataron de transmitir ese fenómeno proteiforme, tan necesario y tan argentino: nuestra cultura.

Es curioso pero tal vez nadie reparó en la originalidad de los diseños y en la cuidadosa presentación de las diferentes publicaciones. Cerouno, por ejemplo, pretendía ser un medio “coleccionable”. Y entonces, puso énfasis en sus tapas. La primera, de cartón corrugado negro, traía en el frente una foto rectangular y en el dorso… ¡un fósforo! La segunda, vino envuelta en plástico burbuja. En este caso, la contratapa traía las instrucciones para reventar los compartimientos de aire.

“Si no se pudiera soñar a lo grande, no valdría la pena ponerse a soñar. Nos imaginamos la imagen de los fósforos porque el fuego es extraordinario. La llama que se enciende, enciende otras llamas y la pasión multiplicada por mil trasciende el hecho de que las primeras luces se hayan apagado”, dice la editorial del primer número de Cerouno. Vale la pena pensar en el espíritu que ánima a la producción literaria y periodística. En muchos casos es la pasión, en otros, la necesidad de comunicar, de decir lo que no se dice y por ende, parece no existir. Pero está y es independiente a la crisis económica –que además es social y además es crónica en este lugar- y al modelo del hombre conforme con el tiempo que le ha tocado en suerte.

Este oasis creativo –quizá imperceptible- fluye, vive, muere y vive otra vez aquí, en Tucumán. La ecología, el cine, el teatro, las tendencias, la televisión, la radio, el acontecer científico, la música, el arte, la arquitectura, la poesía, el turismo y las experiencias metafísicas tienen en estas revistas un medio eficiente para llegar a la sociedad.
Ricardo Reinoso, de Punto Fak, dice que sí hay lectores. “Muchos temas no aparecen en los medios o se los trata livianamente. Si algo está bien escrito, la gente lo lee y lo comenta”, explica. Y de esa conjunción de medios pequeños con grandes ambiciones y lectores voraces, críticos y deseosos de adentrarse en la cultura –que debe salir de la marginalidad- nace una experiencia de auténtico disfrute y extraordinaria potencialidad.

Algunos títulos…
Contramano (10/2002 – 10/2003), fundada por José Sbrocco y Nicolás Balinotti
A y C (03/1982 – Al presente, el de diciembre es el número 242), fundada por Rogelio Ramos Signes
La Aldea (18/12/2001), fundada por Raúl Madkur, Alejandro Díaz, Horacio Elsinger, Rodolfo Adle y otros.
Ediciones Sembrando Ilusiones (12/2003 – Al presente), fundada por Leandro Tosi, Pablo Giori y Manolo Leiva.
Cerouno (03/2001 – 05/2001), fundada por Mariano García, Germán Azcoaga y otros.
Oh Culto (05/2004 – 09/2004), fundada por Federico Marcoux y Verónica y Bruno Juliano.
Punto Negro (2001 – 2003), fundada por Gonzalo Catalán.
Click (05/2004 – Al presente), fundada por Gonzalo Catalán y Raquel Carlino.
Punto Fak (11/2004 – Al presente), fundada por Ricardo Reinoso.
Garavateando (10/2003 – Al presente), fundada por Manuel Torres.
Cabezas Cuadradas (1999 – 2001), fundada por Gonzalo Guchea, Mauricio Flores, Pino Méndez, entre otros.
Revista Rayuela (02/2003 – Al presente), fundada por Andrés Herrera, Agustina Gramajo, Diego Aráoz y Carolina Cisneros. Más tarde se sumaría Gonzalo Tiniva, de Buenos Aires.
Cartelera Cultural (2000 – Al presente), fundada por Javier Kirchbaum y Darío Souza.
Cambio NOA (2003 – Al presente), fundada por María Florencia Ciotola.
La Hoja (2002 – Al presente), fundada por Guido Mossé.


Declaraciones irreverentes y locuaces
Entre Germán Azcoaga y Mariano García, de Cerouno y en ocasión de esta nota.

Bews: ¿A qué público iba dirigida la revista?

M: al público masivo en general, sin distinción de créditos políticos, la comunidad,  todas las razas, blanco, negro, social, educativo, credos, la familia en general. Para la familia toda.

M: Yo no creo en eso del público. Me parece elitista.

M: Creo que en esa época éramos elitistas (o lo contrario, pues también nos calzaba bien el mocasín de la demagogia); no sé bien qué cosas teníamos en la cabeza. No sé qué pensaría, con las categorías de ahora. Como esto de encontrarse un compañero de la secundaria hoy, y darse cuenta que siempre había sido nazi, pero como uno no pensaba esas cosas entonces, no se había enterado.

Bews; ¿Cómo se distribuía, cuál fue el precio de venta?

M: En la mano la repartíamos. A razón de un peso la unidad.

G: El número tres iba a costar 99 centavos e iba a venir con la monedita de vuelto, no como cuando compras un "yogure" y te encanutan de lo lindo.

M: ¡Qué cosas decís! Al final, el que se encanutó soy yo, que junté como 200 monedas para hacer ese número y todavía las tengo guardadas.