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Encuentros íntimos con la ciudad
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Por: Bews/ Gaby
Hay instantes –los de la revelación- que hacen de bisagra entre lo que fue (que ya no es más), lo que es (que comienza a ser) y lo que será (impensadamente). Ese instante ocurrió una vez –y no hace tanto-, durante un viaje de rutina por la calle 24 de septiembre. La noche se estaba haciendo en el cielo y en lo alto brillaba algo nuevo: la cúpula naranja de la Iglesia Catedral.

Una imagen desconocida deslumbró a los ojos ansiosos de los tucumanos, desesperados por ver algo bello, por fin y sin discusión. La Catedral relucía inmaculadamente, gracias a la nueva iluminación de sus muros. Y lo mismo le sucedía al templo y al convento de San Francisco. La Plaza Independencia, luego de vencer a las sombras, era otra.

Lo que ya no es más
“Nuestra idea fue comenzar por algo. Con lo poco que hicimos, dimos un golpe extraordinario”, exclama el Intendente interino, Domingo Amaya, quien además aclara que la recuperación de la Plaza Independencia se inscribe en un proyecto sumamente ambicioso, que incluye a las casas de Gobierno, Padilla y Nougués, la Caja Popular de Ahorros, la Secretaría de Turismo y la Federación Económica.
“Cuando llegué a la Municipalidad, me encontré con una ciudad oscura, desquiciada y apagada”, recuerda el intendente. Sin saberlo, coincide con la historiadora Teresa Piossek Prebisch, que apunta: “Esta urbe ha sido curiosamente agresiva consigo misma. El tucumano traspasa el umbral de su casa y pasa a tierra de nadie; el papel que no tira en su casa lo tira en la acera… ¡En la casa grande que es la ciudad! En Tucumán, que es el país de la selva, tenemos calles deforestadas”.
Pareciera que ninguna obra es capaz de sacar a la ciudad de su decadencia e inveterado abandono. Pero allí están las luces, las de la Plaza Independencia y las de la Plaza Urquiza, otrora bello jardín público. Varias generaciones aprendieron allí el arte de andar en bicicleta y el más complicado oficio de equilibrista arriba de los patines; las familias establecían sus picnics para respirar aire fresco durante las noches de verano y las parejas, enamoradas, volaban lejos del mundo sentadas en los bancos. Todo eso respondía a otros tiempos y a otras costumbres, pero la plaza sigue ahí y las luces le permiten soñar con un nuevo protagonismo en la historia de los vecinos.

Lo que comienza a ser
Piossek Prebisch afirma que el patrimonio arquitectónico es un legado que viene de generaciones anteriores. “Como cuando uno hereda algo que pertenecía a los padres. Los monumentos y edificios, el trazado urbano, los parques y las plazas nos hacen sentir que no somos seres aislados, sino que venimos de algo que comenzó en el pasado”, explica la autora de “Mujeres en crónicas de la conquista”.
Los hijos de San Miguel de Tucumán enfrentan una encrucijada histórica. Así también lo entiende el intendente cuando dice: “Esta ciudad se tiene que caracterizar por algo que sea distinto. Estamos trabajando en un programa que se llama el ‘Tucumán de las luces’”. Según Amaya, este proyecto incluye dos rutas turísticas metropolitanas que puedan hacerse a pie o en ómnibus, siempre con un guía especializado. “El primer corredor abarcará el centro histórico de la ciudad, o sea, la Plaza Independencia y su entorno, y la peatonal de la calle Congreso, que lleva a la Casa de Tucumán. La idea es que la gente, cuando salga del espectáculo nocturno de luz y sonido, se encuentre con una 9 de Julio brillante; para ello será también necesario recuperar el templo de Santo Domingo”, planea el intendente. Segundos después, agrega: “el otro corredor irá sobre la Av. Sarmiento y comprenderá a la iglesia Santa Catalina, el Palacio de los Deportes Teniente Ledesma (cuya fachada ya fue recuperada), el teatro San Martín, la plaza Urquiza, el Casino, la Legislatura y el Obispado. También queremos refaccionar el Colegio Nacional, pero las obras allí cuestan una fortuna”.
El parque 9 de Julio luce, igualmente, una estampa renovada. Seiscientas luminarias le quitaron el aspecto lúgubre y espantaron, de algún modo, el fantasma de la inseguridad. “El nuevo restaurante, en el predio del Gran Grill, costó mucho esfuerzo. Necesitábamos que los inversionistas confiaran. Ahora que todo salió bien, aparecieron interesados para los otros emprendimientos contiguos, como la confitería El Lago”, se explaya Amaya, con orgullo.
Teresa Piossek Prebisch aporta una nota de prudencia cuando recuerda: “a principios del siglo XX, el parque tenía 400 hectáreas y en la ciudad no había más de 80.000 habitantes. Los gobernantes de ese momento quisieron que fuera una verdadera reserva verde. Hoy Tucumán tiene alrededor de 800.000 habitantes y un parque de 140 hectáreas. Y hay un agravante: antes Tucumán era una ciudad chata, donde las casas tenían patios y jardines. La tendencia actual, en cambio, es vivir en departamentos y, por ello, la función social del espacio verde es más importante que nunca en San Miguel de Tucumán”.

Lo que será: ¿lo impensado?
“Pertenecer a una ciudad y amar lo que la caracteriza e individualiza de otras es un  profundo acto de patriotismo”, opina con firmeza Piossek Prebisch. Enuncia, además, que San Miguel de Tucumán es una ciudad histórica. Y da razones: “es la cuarta ciudad más vieja de la Argentina; tiene la planta urbana en cuadrícula, típica de las urbes hispanoamericanas, y fue la sede de hechos cruciales para el surgimiento de la Argentina moderna, como la Batalla del 24 de septiembre de 1820, la Declaración de la Independencia, y la  creación de la cuarta universidad del país”.
No hay dudas: esta ciudad tiene mucho abolengo –y del más soberbio-, pero adolece de falta de hechos nuevos que confirmen ese pasado de rosas. Sin embargo, se acerca el Bicentenario de la Independencia (será en 2016): ¿acaso no es esta una gran ocasión para transformar la historia?
El Bicentenario llega al galope y, en poco tiempo, todo el país estará mirando a Tucumán. Los plazos son ideales para abordar una política de Estado seria. Hay proyectos en marcha, como el de darle un destino al edificio del ex Banco Provincia. “El gobernador José Alperovich quiere instalar allí un museo”, anuncia el intendente. Al respecto, Piossek Prebisch apunta: “sería un estupendo museo provincial de Bellas Artes. El edificio actual (el Museo Timoteo Navarro) tiene una pinacoteca muy valiosa pero está en depósito. Nunca hubo un edificio lo necesariamente apto para exhibir esos cuadros. Además, un museo debe adquirir nuevas obras y estatuas, y si no hay espacio, no puede”.
Amaya asegura que también están en carpeta los edificios de la iglesia de La Merced, el Correo, la estación de trenes Central Córdoba e, inclusive, una vieja chimenea emplazada en Villa Amalia. “Esto le daría otra vida a la ciudad, si pudiéramos iluminarla”, anhela.

Un encuentro personal
Todo indica que, al fin, San Miguel de Tucumán puede renacer. La comunidad –confía el intendente- crecerá si encuentra la motivación necesaria para mantener y preservar sus raíces y su identidad. “¿Dónde está la conciencia cultural? Hay gente afligida por la ciudad; ese es el comienzo de la reacción. Cada tucumano puede reconciliarse con la ciudad, puede recuperar lo que se perdió y rehacer lo que se hizo mal”, reflexiona la historiadora.
Ambos pensamientos se unen en una misma orientación: la obra imperecedera no es sólo de ladrillos, cal y pintura. Es un despertar personal a la belleza, es decir, lo que hasta puede ocurrir durante un paseo rutinario, gracias a un simple instante y a una revelación.

El Abasto: de la intuición a la planificación
(Por Natalia Palermo, Natalia Saúl e Inés Rossi*)

San Miguel de Tucumán es una ciudad organizada por zonas, de acuerdo con el desarrollo de las diferentes actividades. Así, encontramos distintos nodos con funciones características, como el Bajo y su mercado, el micro centro, y el parque 9 de Julio. Otro nodo fue la zona del ex Mercado de Abasto, que perdió vigencia como hito, como consecuencia del traslado de su función y del posterior abandono del inmueble.
Como edificio de alto valor patrimonial y arquitectónico y, por ser parte de la memoria popular, es lógico que sea revitalizado y que se le dé una nueva función. Pero hoy, por falta de planificación, la zona aledaña es objeto de inversiones y de especulaciones, sin una estrategia conjunta.
Los planteos urbanos que surgen son a menudo intuitivos. Hay que planificar acatando las normas que regulan la edificación en la ciudad y no hay que dejar nada librado al azar. Es necesario evitar que esta zona se perjudique aún más.
Sin entrar en debate sobre las posibles soluciones, es necesario dejar en claro que, cualquiera sea el proyecto que se haya planteado, no se debe olvidar que el edificio del Abasto necesita ser restaurado en forma urgente, antes que su recuperación sea imposible.

* Las autoras son jóvenes arquitectas y fundadoras del Grupo Arqs.


Así, tan iluminada, parece que pronto se elevará a los cielos.


Muros medievales rescatados por la luz.


Otra postal para el deleite del ciudadano.


Anoche en la Plaza Independencia.


La obra de Lola Mora parece poseída de un fulgor sobrenatural.


De fondo, el edificio histórico de la Federación Económica de Tucumán.


Los peatones cobran vida, gracias a la luz.