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Relaciones virtuales/Sensaciones digitales
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Por: Rubén Kotler/ Vero
Tiempos modernos
¿Quién hubiera pensado hace tan sólo diez años que el avance de la tecnología cambiaría nuestra forma de vida?
Julio Verne pudo imaginar el viaje a la Luna; pero en ese entonces no era tan loco pensar que el ser humano, que ya había atravesado el Océano Atlántico, podría surcar los cielos para mirar a la Tierra desde lo alto. Sin embargo, los adelantos tecnológicos de los últimos tiempos hacen que un teléfono inalámbrico sea ya una antigüedad, ni qué decir del control remoto y de la máquina de escribir (obsoletos entre los obsoletos).

Palabras como TXT, MSN, SMS y tantas más agobian el vocabulario, que también debe transformarse para sintonizar con los tiempos que corren. Conversar se convirtió en chatear; una carta postal, en un e-mail; un celular ya no es más un automóvil de la policía… ¡Y hasta el picadito de los sábados en el parque devino en batalla on line entre los CT y los TERROR!

Los teléfonos, que antes servían para hablar, ahora son multifunción (otra palabra moderna): envían y reciben mensajes, sacan fotos y hasta navegan por Internet... En fin, llegan a ser una extensión del usuario y de las necesidades que el mercado genera. Nunca antes la publicidad había vendido tanta tecnología, tanta magia y tanta ilusión.

Mientras el blanco y negro deja paso al color, el papel al monitor y las percepciones sensoriales a la virtualidad, la digitalización de la vida, paradójicamente, aleja y acerca de los seres queridos. Un beso se transformó en un chuik con forma de labios y los nombres, en nicknames. Nuevas identidades, antiguos sentidos. La vida es un resumen virtual donde “tamos llegan2” a ningún lugar y donde un chico se declara a una chica diciéndole simplemente: TQM. “Toy ocupado”, “dnd tas?”, “Q hay Q hacer p’ la fac” son expresiones comunes que se intercambian de a millones por medio de los teléfonos móviles, que también entretienen al ritmo del ringtone de moda. Bajar un tema, cargar el teléfono, mandar un mensaje, gastar el crédito, ir al cyber, escribir un e-mail… son algunas de las nuevas actividades vertiginosas, para hacer de día y de noche.

Del tamaño de un paquete de caramelos, los celulares son una verdadera extensión de la mano. Rojos, verdes, plateados, cada vez viene más personalizados. “¿Dónde estabas cuando te llamé?”, dice el jefe, sin medir que todavía no salió el teléfono a prueba de agua para el sublime momento del baño. “¿Por qué apagaste el celular?”, grita una novia despechada que desconfía de la excusa: “me quedé sin batería”.

Corren los tiempos modernos mientras miles abrazan relaciones virtuales a fuerza de enviar y recibir sensaciones digitales.

 

Escenas de la vida cotidiana

Mario conoció a María por medio del messenger. Después de chatear durante casi una semana, descubrieron que ambos tenían un amigo en común, al cual conocían del canal “Tucumanos”, del Mirc. Allí Mario no era Mario, sino “Sueño de una noche de verano” y María, “La chica superpoderosa”. “Sueño de una noche de verano” invitó a salir, una noche, a “La chica superpoderosa”. Quedaron en encontrarse a las 12 en “Costumbres”. Si bien se conocían por medio de la web cam, era borrosa la idea que tenía el uno del otro. “Te mando un mensaje al cel cuan2 t llegando”, escribió ella; “Oki”, respondió él; “me vas a reconocer porque llevo un body piercing en el pupo”, dijo ella; “Oki”, dijo él; “perame que entro mi prima al chat”, dijo ella; “Oki”, dijo él. Y así chatearon un par de horas más; se conocieron y descubrieron en la intertextualidad, se mintieron un poco, es verdad,  pero también pensaron que iban a conocerse y que no les importaba “el qué dirán”.

Ella llegó en un remise y antes de entrar, le mandó un mensaje de texto: “Donde estas bolu?”. Cuando el 5 dio vuelta por la Muñecas, él sintió que su celular vibraba. Se fijó en el mensaje y mientras bajaba del colectivo, escribió: “Toy en 3”. Antes de ir al pub, entró en el cyber a chequear su casilla de mail, la cual llevaba 20 minutos sin ser revisada. Esperaba un mensaje de Oscar, quien debía avisarle dónde estarían los vagos. Oscar no tenía celular y era el encargado de arreglar la salida nocturna. “Le dije a este boludo que me mande un mensaje desde la página de Personal”, pensó Mario. Entró en Costumbres y buscó a María. No pudo reconocerla en la multitud. Otra vez recurrió al mensaje de texto: “Dnd andás? Esto es un kilombo y no T veo”. Al instante, comenzó a sonar el ringstone con el tema “Pluma gay”. Era María, que estaba en el baño con una amiga.

La historia de Mario y María sigue. Volvieron a encontrarse muchas veces... en el chat. Cigarrillo y Coca Cola, monitor mediante, los encuentros amorosos no dejaron de sucederse. Todas las noches el mismo ritual: abrir el MSN, introducir la clave, chequear los contactos conectados, mandar un mensaje, escribir un mail, enviar una foto, visitar una página porno, bajar una canción por medio del Emule… buscar una poesía de Juan Gelman y enviarla junto a un gift animado de Bob Esponja. Mario y María se buscan en el Chat mientras rastrean un nuevo iconito animado: una carita alegre o triste; un smile  que fuma marihuana y un dedo pulgar levantado que dice OK sin emitir sonido.

Y después del chat, la vida sigue. Hay una pregunta que cada tanto se repite: ¿eran mejores los años pasados? En la película “Tiempo Moderno”, Charles Chaplin advertía al mundo sobre el poder de las máquinas. Aquellas no han reemplazado al hombre, pero día a día lo transforman. Fuera de lo evidente, detrás y por encima de la tecnología, vive lo mismo de siempre, es decir,  una persona que siente.

 

* El autor es Licenciado en Historia

 


Cambio y permanencia

Por Verónica Juliano

 
Las prácticas sociales, entre ellas, las verbales, generan códigos propios que posibilitan su acontecer. Así, cada esfera de las distintas actividades humanas crea su propia legalidad y produce las formas de su expresión. Dichas formas deben entenderse en el contexto del cual emergen: los usuarios, en la interacción, las reconocen y se reconocen en ellas. 
Parece evidente que los avances de la ciencia y de la tecnología impactan fuertemente en la vida de ciertos grupos. Para quienes forman parte de alguna dinámica social de este tipo, se plantean múltiples interrogantes y también un problema: adaptarse (para evitar la exclusión) o resistir (a fin de preservar las identidades).
La tensión de estos movimientos produce un equilibrio: adaptarse es aceptar el desafío de los tiempos que nos tocan; resistir es no dejarse llevar por la corriente. Entre el cambio y la permanencia, vamos entendiendo la complejidad del mundo, la inmediatez de lo cotidiano, las exigencias y las necesidades actuales.
Cada época tiene signos que la distinguen y que la hacen trascender de valoraciones del tipo ‘mejor’ o ‘peor’. Todas las épocas tuvieron (y tendrán) aspectos negativos y positivos. El hombre es, en definitiva, el que hace su opción: cambiar o permanecer. O los dos, al mismo tiempo.