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El Salmón vuelve al río
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Por: Motoneta

Después de siete años de silencio Calamaro vuelve al ruedo con el El regreso, una recopilación de temas de su presentación en el Luna Park, en los abriles pasados.

Corrían los prósperos noventas cuando Andrés Calamaro anuncia su desembarco en tierras solistas con Alta Suciedad, un disco prolijo, bien logrado y que trajo una versión 2.0 de aquel antaño Calamaro roquero, ahora enfundado en dolce´s y gabbana y con nuevas sutilezas musicales. El producto final, a cargo a Joe Blaney y de algunos músicos otrora de los Stones, son la carta de presentación de un proceso que no seguirá tan bien como empezó.
Después vino Honestidad Brutal, un doble de grandezas y bajezas, con toques dylanianos por momentos, excesos de rima en otros, y gestado en aviones y aeropuertos entre Madrid, Nueva York y Buenos Aires (pero con el sello Calamaro al fin). Y entre copa y copa, aventuras farmacéuticas, excesos lisérgicos y el abandono de su amada Mónica de por medio, la ruleta se detiene en el Salmón, una experiencia de verborrea musical que, contra viento, marea, y malos augurios de las discográficas, salió a la calle en formato de cinco discos de grabaciones caseras, palabras usadas, sonido de escasa monta y canciones mediocres.
Luego se cierra el telón, Calamaro hace los últimos Gran Rex y hacia fines de 1999 se llama al silencio.
¿Qué fue de Calamaro hasta estos entonces? Rehabilitaciones, Madrid, aislamiento, algún que otro Buenos Aires, psiquiatras, ansiedad…Y el Cantante, un disco que prologa la vuelta de Andrés.

6 años más tarde, y por insistencia de los muchachotes de la Bersuit, Calamaro sube a los escenarios en gran desafío gran: el Luna Park.
No fue un momento fácil, ni relajado. La ansiedad y la inseguridad todavía eran paisaje habitual en el universo Calamaro, pero así y todo, hace una presentación más que digna, levantando incluso el nivel de algunas malas canciones del Salmón.
Después vino el Palacio de Los Deportes en Madrid, (30.000 almas) donde Andrés, ya lejos de las turbulencias, disfruta incluso hasta de algunas “diabluras vocales” como el mismo autodenuncia.

Lo que queda de la historia es un CD de buenas 21 canciones, y un futuro promisorio. Estable, lejos de las drogas, pronto a casarse y dispuesto a formar una fina alianza con Javier Limón para acercarse más a un Calamaro tanguero, el salmón seguirá nadando contra la corriente, sin que pueda saberse –a ciencia cierta- en que río habrá de recalar.

 


El hijo pródigo.