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70 años con Woody
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Por: Víctor

Acostumbramos a homenajear a los genios después que se han muerto. Incluso ni siquiera después de eso. Hay entre nosotros un genio hoy y lo homenajeamos porque cumple setenta años. El tiempo dirá-sin dudas- que merece estar a la altura de los que hicieron mucho por la cultura- o la contra cultura- y mejor, sin habérselo propuesto.
El 1 de diciembre de 1935 nació en Brooklin, distrito  neoyorquino al Este de Maniatan, Lee Stewart Konigsberg, para los amigos, Woody Allen, escritor, guionista, director de cine, artista con mayúsculas (aunque vaya con minúsculas). A sus libretos televisivos y a su obra teatral agregó, en 1965, su primera participación cinematográfica en “What´s new Pussycat?”, que lo reveló como un incisivo actor de comedias, tipo talentoso, apto para más que actor de reparto de Hollywood. Esto se pone de relieve más claramente en sus primeras obras para cine: “Robó, huyó y lo pescaron”, “Bananas”, “El dormilón” que unen la mejor tradición  humorística norteamericana, la de los hermanos Marx, con un perfil casi surrealista, humor ácido, crítico –y cítrico- , inteligente.
Pudiendo haber profundizado esa veta, para deleite de sus bolsillos, Allen se aparta  de ella, escapando a las luces de Broadway y al brillo de los dólares, con una  maravilla creativa como “Annie Hall” (1977), película que –paradójicamente- le valió tres Oscars de la Academia, entre ellos “mejor película” y “mejor director”. De ahí en más, su filmografía se aproxima, sin renegar de sarcasmo y de humor inmanente, a la escuela de Bergman, de Fellini y de Kurosawa -a los que admira- y hace la que -a mi modesto entender de coleccionista- es su obra máxima: “Manhattan”. Recuerdo que a esta  película la vi en el exterior ya que por esa época no era grato a los militares la historia de un tipo cuya mujer cometía adulterio...con otra mujer, entre otros relatos que, con trama exquisita, se entrecruzan en el filme protagonizado por Diane Keaton, Meryl Streep y Mariel Hemingway. Si “Manhattan”  no te convierte en fanático “Alleniano” al comienzo o en su desarrollo, te atrapa, seguro, al final, que es  de los mejores de la historia del cine.
A la perla cultivada le siguieron joyas como “Comedia sexual de una noche de verano”, donde ya aparece Mia Farrow, mujer con la que tendría una relación de más de una década, “Septiembre”, “Hanna” y sus hermanas”… obras todas que repiten la misma impronta: un judío intelectual hipocondríaco, liberal progresista; enamorado del amor; crítico de la sociedad de consumo, de los totalitarismos, y adicto al psicoanálisis, a la nostalgia por lo que fue y ya no es y enamorado perdido –e irracional- de las mujeres.

Guía digestiva

Para entrar en el universo del geniecillo orgullosamente yanqui recomiendo al gran público, sobre todo a los más jóvenes que tal vez lo desconocen o le tienen cierta reticencia, clasificar sus 36 filmes en dos grandes grupos: los que pueden ser vistos sin previo aviso como “Dias de Radio” (retrato de su amor por la radio y la movida cultural de los años 40), “El misterioso asesinato de Manhattan” (thriller a su manera, manifiesto de su devoción  por el cine policial, comedia hecha con gran inteligencia), la reciente “La mirada de los otros”. Otra aproximación es posible por medio de “Poderosa Afrodita”, donde plantea la  historia del padre adoptante que, al conocer el origen biológico del hijo, comprende muchas cosas de él...y de la vida. “Zelig” es desopilante: Woody Allen  se camaleoniza y es muchos personajes a la vez.
En un segundo grupo entran las más complejas, las que pueden provocar hasta rechazo si son vistas con prejuicios o con el cansancio acumulado de la semana. A “Manhattan” agrego, en la categoría de imperdibles, “Mujeres y Esposas”, que es la historia de tres parejas, que luego son tres y media o cuatro para ser dos y media al final, así de sencillo; “Crímenes y Pecado”, de profundo mensaje moral y, –desde luego-, la celebre “Hannah y sus hermanas”(que ganó otros tres Oscars). Esta requiere de la compañía de las Obras Completas de Freud o del analista. Cada cual elige.
Las películas del grupo dos son ideales para ver en pareja o, si no hay más remedio, en soledad por si necesitamos ayuda para comprender por qué uno está solo.
Como otros genios contemporáneos, Piazzolla es su música, Picasso sus pinturas, Woody Allen es sus películas. En todas ellas hay un compendio de psicología, un manual de belleza fotográfica, más en sus obras en blanco y negro, como “Sombras y Nieblas”, hay, además de una selección de los mejores clásicos de jazz, un desafío a la inteligencia.
Sus guiones originales, su forma de filmar y dirigir actores cuidando los gestos, las intenciones y el manejo justo de las palabras y las frases hacen de la filmografía de Allen un motivo de placentera y sana adicción. Películas para ver una y otra vez, seguros de encontrar nuevamente un motivo más de admiración por este genio de hoy, al que la historia liberará de detractores y dará aún mucho más valor.

* El autor es abogado y conductor de radio.