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La ciencia como objeto periodístico
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Por: José Barbeito
“Mi título más importante actualmente es el certificado que acredita que subí a la Gran Muralla de China. Simboliza el esfuerzo que significó para mí conocer otros países y participar de su cultura”, comenta Alejandra Folgarait, editora general de Neo, una de las pocas revistas argentinas dedicadas al mundo científico.

Antes de hacer esa afirmación, ella recorrió un largo camino que comenzó cuando, poco después de obtener su diploma de psicóloga, durante 1983, con medalla de oro en la Universidad de Buenos Aires (UBA), asumiera que “la vida pasaba por otro lado”, y virara hacia el periodismo.

-¿Cómo fue ese paso?
-Empecé trabajando como psicóloga y, al mismo tiempo, estudiaba Epistemología. Pero un día me di cuenta que estaba encerrada en un consultorio y que la vida pasaba por otro lado Soy muy curiosa, siempre estoy leyendo, tratando de aprender todo el tiempo. Entonces descubrí al periodismo científico, que me daba unas posibilidades enormes de no aburrirme y, a la vez, de ponerme en contacto con las cosas que pasan.

-¿Entonces surgió la posibilidad de acceder a una beca de la Fundación Campomar (hoy Instituto Leloir)?
-Cuando yo no sabía absolutamente nada ni de periodismo científico, me enteré de que estaba este lugar en Campomar. Había dos becas por año; me presenté a una y la gané.
Gracias a ella pasé tres años de estudio muy enriquecedores, después de los cuales comencé a publicar en distintos medios del país. Luego entré a Página/12, como redactora científica de la sección información general, donde terminé de completar mi formación.

Folgarait explica que el periodismo científico une a gente que viene de las ciencias con gente que viene de las humanidades. “Por ejemplo, a un bioquímico que quiere escribir y a un comunicador social que quiere hacer periodismo científico. Quien viene de las humanidades tiene que aprender básicamente lo que es el método científico, como descubrir las revistas especializadas que son las fuentes de esta especialidad, algo que es totalmente diferente al periodismo común. En cambio, el que viene de las ciencias tiene que aprender a escribir. Yo siempre digo que esto último es mucho más difícil”, opina. Folgarait remarca que, luego, un periodista de esta especialidad puede cubrir, sin mayores obstáculos, cualquier otra rama del saber. Añade: “ya pasó lo más difícil: enfrentarse al complejo mundo de los científicos”.

-¿Estos profesionales con formación tan específica son requeridos por los medios de comunicación?
-Cuando yo comencé no había periodistas científicos en las redacciones, salvo Daniel Arias, que trabajaba en Clarín. Pero después, cada diario incorporó el  suyo y, ahora, muchos tienen su equipo de periodistas científicos. Creo que cada vez son más necesarios. Puede suceder que en la sección política, por ejemplo, la noticia sea que el presidente está enfermo, o que Lilita Carrió quiere adelgazar. O en deportes puede presentarse un problema de adicciones. El periodista científico interactúa en todas estas áreas.

Algo nuevo en su vida
En abril de 2005, la editorial Perfil decidió poner en la calle un producto arriesgado e innovador: la revista Neo, una publicación mensual dedicada a las “mentes curiosas”, tal como fue promovida en los avisos publicitarios. La dirección del proyecto recayó en Folgarait, hasta entonces dedicada a la sección Ciencia y Tecnología de la revista Noticias.

-¿Qué diferencias hay entre Neo y otras revistas?
-Neo es mensual, lo que le marca algunas diferencias con las semanales, pero no tantas como uno podría imaginar. Una revista mensual exige una dedicación mucho mayor, en cuanto a calidad y profundidad. Es cierto que no sigue tanto la actualidad, pero con menos personas tenemos que sacar un producto a la calle que se mantenga todo un mes, que compita con los semanarios. Además, trabajamos para un lector acostumbrado a recibir mucha información de muchos lugares –diarios, televisión, Internet– entonces, hay que superarse todo el tiempo, para ganar su confianza y atención.

-¿Cómo debe ser un tema para convertirse en nota de Neo?
-Hace muchos años me enseñaron que si no hay foto, no hay nota. Lo principal es tener la imagen, porque la revista muestra color y formas, algo que los demás medios no tienen.
Lo segundo, es tener información de primera fuente, de papers científicos publicados en revistas prestigiosas del país y del mundo. En tercer lugar, debe ser un tema que le esté preocupando a la gente.

Confiesa que Neo no será la última estación de su vida: “soy una persona muy inquieta; tengo muchas cosas pendientes, como el estudio de Egiptología que, por ahora, es simplemente un hobby”. Sentada al borde de su escritorio, acompañada de un papel escrito en chino parece, no obstante, que hay algo que no dejará: el camino que emprendió guiada por la curiosidad. “Estoy contenta de hacer esto, de poder seguir estudiando todos los días para redactar una nota”, afirma.
 
-¿Qué es ese papel que cuelga en la pared, con caracteres chinos?
-Es el certificado que acredita mi expedición a la Muralla. El título que más me importa en este momento.

Plus:
Neo tiene poco más de un año de existencia, catorce números publicados y un staff de siete miembros. Disponible on line en: http://www.neo.uol.com.ar

 


Alejandra Folgarait, pionera en periodismo científico en la Argentina.