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No llores por mí Mundial: ¡Por lo menos me divertí!
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Por: Turca

Hubo una vez un mundial de fútbol que fue tan aburrido que dejó sólo esto…
Nada por aquí, nada por allá. La pelota no fue la protagonista porque el buen fútbol no aceptó la invitación de los meticulosos organizadores alemanes. Menos mal que hubo bloopers ¡y de los buenos!
A Franz de Bleeckere, por dirigir en el Mundial, además de varios dólares, le regalaron una consulta sin cargo junto a los jueces de línea que lo secundaron en el mejor instituto de salud ocular de Bélgica. Esto se debe a que al belga Franz y a sus colegas -marchen presos- les hicieron falta unos anteojos con mucho aumento para no comerse el gol que no le cobraron a la Argentina en el primer partido frente a Costa de Marfil. Por cierto, hablando de los marfileños, ¡qué bien los describió una buena amiga mía! “Epa che, son buenos los negritos fosforecentes”. El comentario era adecuado, claro, hasta los 24 minutos del primer tiempo, cuando Hernán Crespo anotó el gol inaugural de Argentina en el Mundial.
Lo mejor del debut en Alemania sucedió al día siguiente. Cuando llegaron los diarios y, en sus tapas, la foto de una inocente joven tucumana (entre tanta euforia por el inicio con gloria) que festejó en topless. Orgullosa, con sus pechos al descubierto, tuvo sus quince minutos de fama en todos los matutinos tucumanos. Fue posible constatar que le hace sombra a Pamela David y a Luciana Salazar en las gomerías top de los barrios del Jardín de la República. Un hurra por ella: porque se desvistió por su país.
Volviendo a los árbitros… ¿de qué planeta es Graham Pool? No tenía muy en claro las sanciones que debe recibir un jugador. Por las dudas, la panadera de la esquina se encargó de recordárselas: cuando un jugador recibe una segunda tarjeta amarilla debe ser expulsado del campo de juego. No hay que mostrarle tres veces la amarilla para sacarle la roja. Un dato que no es menor: Poll es del planeta Inglaterra. A buen entendedor, pocas palabras.

Te mataré Medina Cantalejo
Entre los jueces quedó endiosado un español. La devoción que hoy profesa el pueblo campeón del mundo hacia San Luis Medina Cantalejo es asombrosa. Los “tanos” tuvieron el festejo ideal en el Olímpico de Berlín, cuando él fue el cuarto árbitro de la final frente a Francia. Siempre cerca el gallego. ¿Qué milagros se le atribuyen? El triunfo de Italia sobre Australia y la expulsión de Zinedine Zidane. El primer acto milagroso se produjo en la ciudad alemana de Kaiserlauten, el 26 de junio. Ese día, todo indicaba que el sufrimiento de los “tanos” frente a los humildes “aussies” -que por segunda vez jugaban un Mundial y lograban llegar a los octavos de final- se convertiría en agonía durante el alargue y, posiblemente, morirían en los penales. Pero apareció San Luis Medina Cantalejo en el último minuto -cual salvador de la afición italiana- y compró lo que le vendió el actor más Grosso de este Mundial. San Luis, desde la altura de los cielos, (a esa distancia estaba de la jugada) cobró un penal inexistente del defensor australiano Lucas Nell. Para provocarlo, Fabio Grosso tuvo una actuación estelar, digna de un premio Oscar. El segundo milagro del “santo” español se produjo el 9 de julio, en Berlín. Fue el celestino que le indicó al juez de línea, quien a su vez le informó al árbitro del encuentro, que Zidane había violado todas las reglas del cielo o, mejor dicho, del juego limpio, y le había pegado un cabezazo a Marco Materazzi. Algunos sostienen que San Luis vio el cabezazo en el monitor de la televisión, lo que no está permitido por la FIFA.  Pero, ¿cómo dudar de su vista certera de águila? En fin…

¿Y donde está la pelota?
Sin dudas, el cabezazo asesino de Zidane fue el episodio más violento del Mundial. Sin embargo, el inglés Wayne Rooney puede compartir el podio de agresivos sin causa. Y si no lo cree, pregúntele al portugués Ricardo Carvalho. Todavía le duele el pisotón que le dio el chico más malo de Inglaterrra. Si, ahí, justo ahí donde más les duele a los hombres. La dinastía Carvalho morirá con él debido al terrible Rooney.
Otro árbitro que quedará en la historia será el ruso Valentín Ivanov. El europeo se adjudicó el apodo de “mano ligera”, pero no por lo que ustedes piensan. Ivanov sacó hasta la tarjeta de crédito en el partido Portugal-Holanda. Pasó a la historia como el juez que más acrílicos mostró durante un partido de la Copa del Mundo. Ahora bien, es cierto que los protagonistas de ese encuentro hicieron bastante mérito para llegar al el récord de 20 tarjetas (dieciséis amarillas y cuatro rojas).

¿Vieron pasar una pelota de fútbol por aquí?
Menos mal que para los argentinos existió el 1 de julio. Después de la pena que causó el tango más triste de la copa (cuando la selección cayó por penales frente a Alemania), los compatriotas cantaron la Marsellesa francesa y pidieron miles de porciones de fideos con salsa portuguesa. De alguna manera, debían rendirle homenaje a los portugueses porque quitaron al insulso té inglés del menú mundialista, que tenía como mejor anfitrión al buen pie de David Beckham.
Los ritmos cariocas de los brasileños no se escucharon debido al estruendoso retumbar de las trompetas de la canción patria francesa ¡Hasta la vista Brasil! Recen para que no se le vuelvan a caer las medias a Roberto Carlos, porque si no, se le escapa Thierry Henry y compran el regreso a casa. Sí, sí, sí… menos dolor y tristeza celeste y blanca después de aquel 1 de julio.

Sin pelota, finalmente
Finalmente, la pelota no apareció. Es extraño; pocas veces se habrá escrito un texto del Mundial de fútbol sin mencionar cuestiones de técnica y de táctica. No hubo mucho para aprender y, por consiguiente, poco de que sorprenderse y maravillarse. Fue un torneo donde hubo adoración por la pelota parada: y los esquemas no se rompieron. Ninguna selección entregó un plus -nadie se atrevió a dar más de lo normal -. En definitiva, no ganó el que mejor jugó, si no el que más la embocó.
Por estas razones, y a más de un mes de finalizado el Mundial, repercute más el cabezazo de Zidane que la aburrida final entre Francia e Italia.
Pero no importa: no llores por mí Mundial, no fue con fútbol, pero por lo menos me divertí.   

*la autora es licenciada en comunicación social


Los árbitros mandan hasta copar el protagonismo


La pelota no dobla.