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Carta pública a una forastera: De Narcisa a Goldmunda
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Por: Laly

No soy Herman Hesse. Pero te fuiste y me quedé. Esto sucedió  a comienzos de 2003. Y ahora te escribo porque he sabido que tendrás un hijo. ¡Vas a ser mamá!
Hemos compartido la noticia en grupo de amigas. Mientras el mate giraba, giraban también las opiniones. Yo escuchaba atenta. Alguien dijo que tener un hijo es todo un desafío. Otra consideró que es una osadía necesaria para la realización de la mujer. Alguien también pensó que este mundo no es un lugar adecuado para los niños, que hay demasiadas injusticias.
Por el contrario, creo que nadie puede privarse de vivir; que hay alegrías y tristezas, es cierto, pero que todo, absolutamente todo, enseña. Nuestros hijos, las nuevas generaciones, pueden cambiar lo que está mal y relevarnos en la lucha.
Últimamente me dio por descubrir cuánto ha cambiado la ciudad desde que te fuiste. Está distinta. No hay nada nuevo en el gobierno, de sobra sabes que la política no me gusta ni la entiendo. Hablo de la gente y de los muros que aparecen y de los muros que ya no están. Aunque hay cosas que no cambian, como el perfume de los azares, los días de sol en invierno y las cáscaras de mandarina en el parque Avellaneda.
Te sorprenderá saber que ahora no es posible fumar en lugares públicos cerrados y que una ley restringe la apertura de bares y boliches. Los fumadores no se quejan tanto, salen a la vereda y listo. Tampoco los noctámbulos, quienes protestaron un poco por el horario acotado pero no más que eso. Las leyes se cumplen.
Sé que criticarás todo esto. Siempre te indignaron las normas de “esta sociedad”. Por eso entendí que quisieras ser extranjera, que tuvieras la ilusión de vivir en otra ciudad, más acorde con tu forma de pensar.
En cambio, yo me siento a gusto aquí. Está lo malo conocido y lo bueno –y mucho- por conocer. Defiendo la posibilidad del bienestar y por ello trabajo. Despacio, muy despacio, hay transformaciones.
Espero la llegada de tu hijo con la misma expectativa que espero verte aquí con él, algún día. Lo que está por delante, ya vendrá. Te veo en el horizonte, forastera.


Para vos.