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Somos lo que pensamos
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Por: Mocha/ Hernán/ Gatta/ Meli
Meditación trascendental. Dos palabras que disparan hacia el más allá, pero desde el aquí y el ahora. Y que pueden albergar –sin pausa- a todo el pensamiento a partir de una porción mínima de este. De diez líneas o menos, según las pretensiones de brevedad entretenida que promueve DIXI, y que puso especial énfasis en la sección “Meditación trascendental”, desde el mismo número I de marzo de 2002.
22 ediciones más tarde, la meditación sigue allí, impertérrita. Nadie la ha tocado y, por su gravitación en la arquitectura global de la revista, es difícil que alguien se atreva a hacerlo. Porque es un espacio entrañable, fundacional, caro a los artífices de DIXI y, vistos y considerados los fogosos comentarios que suscita, también caro a los lectores.
Pero, ¿a qué se debe este valor? Entre todas las respuestas posibles –y muy válidas- se impone pasar marcador fluorescente sobre una obviedad: el meditar seduce, el meditar lleva a meditar. La conclusión no es teórica, sino empírica. Porque la meditación del número anterior provocó una avalancha de otras tantas y a DIXI, a veces, no llegan sino meditaciones. Este dato decidió esta nota que propone un tributo por accidente a la noble tarea de meditar (algunos creen que es sinónimo de perder el tiempo). De la selección de breves meditaciones que la acompaña es posible predicar: 1) que a Melisa la atrapó el olvido; 2) que a Claudia la obsesiona el amor; 3) que Hernán pensó entre los minutos huecos del taller de Recursos Humanos, y 4) que a Graciela el tiempo le tendió una emboscada (¿a quién no?).
El lector decide si se queda con una, con alguna o con todas. Si ninguna le gusta, anímese y elabore su propia meditación.

1) Las caras del olvido
(Por Melisa Rosales)
El olvido tiene varias caras. Meditando he llegado a la conclusión de que, a veces, en la vida, conviene no recordar. El olvido es más que nada una herramienta para existir evitando llevar cargas en las espaldas.
Entre las caras del olvido está aquella, que puede ser considerada como la más ingenua -aunque cabe aclarar que ninguna de ellas es del todo inocente-, que es frecuente en un día normal y se manifiesta en cualquier tipo de persona: olvido de nombres, números, rostros... Olvidos que a veces cargan con una pequeña cuota de culpa, como ocurre con las fechas de aniversarios.
Otra de las caras del olvido es aquella que puede resultar peligrosa como, por ejemplo, olvidar alguna mentira dicha con grave convicción. Esta cara no es usual en cualquier persona ya que, primero, no toda persona miente y, segundo, un mentiroso que sabe mentir sabe también recordar (un mentiroso es, más que nada, un estratega que sabe jugar y tiene calculadas todas las cartas que ha jugado).

"¿Quién puede olvidar que busca el olvido?"

Entre las caras del olvido hay un rasgo que puede resultar perverso: son aquellas personas que olvidan sin culpa, olvidan favores y rompen ilusiones con promesas inconclusas (“te llamaré mañana”, por ejemplo).
Y está aquel olvido casi inalcanzable, aquel que se parece a una utopía, el más deseado: olvidar a  aquellos que ya nos han olvidado. Ya no importa si el olvido tiene o no culpa, esta es la cara del olvido que posee más autonomía; ya no depende de quién lo desea y, a diferencia de los otros, este es buscado tan conscientemente que termina siendo un tanto contradictorio: ¿quién puede olvidar que busca el olvido?
Esto me lleva, inevitablemente, a preguntar: ¿cuándo uno más herido está, menos olvida? ¿No sería mejor, más fácil, más simple, olvidar el dolor? No, el dolor no se olvida, el dolor se resigna y, por eso, cuanto menos experiencias tenemos, más felices somos.
El recuerdo y el olvido, a simple vista, parecen ser eternos contrincantes, pero no hay que caer en el engaño porque, cuando más uno cree que lo has logrado, el recuerdo más demuestra que la cuestión nunca has olvidado.

2) Hablemos de amor
(Por Claudia Bordallo)
Quizás muchos puedan decir “estoy enamorado”, “amo a tal persona”, “con él me quiero casar y formar una familia”, etcétera. Esto es hablar de algo ideal.
Pero el amor, ¿es ideal?

"Cuando uno ama, la cabeza está llena del otro..."

Pensar que uno, cuando ama de verdad, sufre, siente que el corazón se estruja (a veces por asfixia y a veces por exceso de largos suspiros), y hasta puede caer en desgracia.   Amor es una palabra que suena muy sincera; sin embargo, no expresa solamente un sentimiento grande e indescriptible sino también una predisposición para compartir y para aceptar que el otro, el ser amado, es diferente.
El amor es ideal cuando es amor recíproco. Este momento de la historia está representado en el concepto de auténtica fidelidad, porque cuando uno ama, la cabeza está llena del otro. Nada importa más; la sonrisa, el llanto y la risa de uno le pertenecen al otro; dolor y pasión van de la mano, como si fueran novios.

3) Il Postino

(Por Hernán Lucero)
(8:20 a.m.) Mensaje: "estamos en el Carlos V (hotel) 3er piso en la capacitación".
Contesto desde la cama: "qué capacit?. nadie me dijo nada. nunca me entero de estas cosas".
(8:35 a.m.) Mensaje : "pasaron dos circulares. Es en el 3er piso".
Envío mensaje a otra persona: "de qué es la capacit?. Estoy a tiempo de ir todavía?".
(8:40 a.m.) Mensaje: "si venite, recién empezó".
Me levanto rápidamente y me tomo un remis: "al Carlos V".
Llego al hotel y pregunto al recepcionista donde es la capacitación. 3er piso.
Subo. Cuando entro al salón, una compañera se me acerca y me da un cuadernillo y un cartelito para prender de la camisa, dice "Hernán" escrito prolijamente con letra de mujer. En el salón hay tres mesas redondas con cuatro o cinco personas cada una. Saludo con un gesto a algunos. Con la mano al que envió el segundo mensaje.

"Saludo con un gesto a algunos. Con la mano al que envió el segundo mensaje".

Me siento en la mesa de la derecha al lado de una compañera de unos 45 años.
El taller se llama: "Taller para la Formación de Equipos de Alto Rendimiento".
Lo dicta un psicólogo, que no conozco, de unos 35 años que habla moviendo las manos tratando de insistir en las pocas ideas que tira. Tiene preparadas unas diapositivas con frases sueltas y algunas clasificaciones, "claves para la convivencia y el trabajo en equipo".
Entre mis compañeros no suelo expresar el rechazo que me causan estos talleres y todo lo relacionado con el marketing, las teorías de trabajo en equipo, los talleres de sensibilización, etcétera. Hoy tampoco lo hago.
El psicólogo tiene el pelo corto y es delgado. Durante la primera hora hace tres veces  referencia a la necesidad de comer sano, de ir al gimnasio, de cuidarse con las grasas.
A las 11:00 de la mañana hace una pausa y finalmente puedo desayunar. Me voy solo al Mc Donals de la esquina y vuelvo a las 11:30. El taller continúa hasta las 13:30.  Hace la pausa para almorzar. No hablo en toda la mañana.
Nos vamos todos a comer a un restaurante en la esquina. Gaseosas diet, ensaladas, verduras; el taller tiene que ver. Yo pido pizza y cerveza antes de saber de la onda light del almuerzo. Gasto lo que gano en un día. Las mujeres hablan entre ellas, comentan sobre el taller, les gusta. Yo estoy sentado al lado del psicólogo que no entra muy bien en la mesa y está en una esquina un poco incómodo. Los dos callados. Después de un largo silencio me mira y me dice:
-El viernes mi hermano amasó unas pizzas. Muy buenas.

4) Tiempo

(Por Graciela Colombres Garmendia)
Perder (el tiempo): dícese de aquel que trata de olvidar a alguien que todavía ama. También aplicable a cobardes e indecisos.
Pedir (tiempo): dícese de alguien que sabe que las cosas están mal pero no sabe cómo podrían estar mejor. También aplicable a cobardes e indecisos.
San (tiempo): santo popularizado por devotos de poca fe que confían en que hará milagros capaces de solucionar cobardías e indecisiones.

"Perder (el tiempo): dícese de aquel que trata de olvidar a
alguien que todavía ama".


Falta (de tiempo): dícese de la persona desorganizada que simula estar ocupada cuando lo que realmente sucede es que está preocupada por todo y ocupándose en nada.
Demasiado (tiempo): es el que yo ocupo hablando del tiempo; el tiempo que no tengo para pensar en vos; el tiempo que me preocupo por vos; el tiempo que pierdo por vos; el tiempo que pido y ruego para olvidarme de vos.
En definitiva: lo nuestro era una pérdida de tiempo por eso nos peleamos, para no perder el tiempo. Necesito tiempo para pensar en el tiempo que estoy ganando…perdiendo el tiempo.

Meditadores estelares
Durante 21 números fueron, curiosamente, siempre mujeres quienes firmaron las meditaciones trascendentales. Sucesivamente Irene Bews, Amalia Pantano, Giselle De Piero y Graciela Colombres Garmendia publicaron sus prosas impregnadas de meditación. Hubo, no obstante, un breve interregno de vacío que fue ocupado por la reflexión imperecedera de autores ya fallecidos, como Augusto Monterroso, Jorge Luis Borges y Graham Greene. La última DIXI innova con la publicación de un texto breve del abogado tucumano Alfredo Mendoza. Todas las meditaciones están disponibles en www.dixi.cabezascuadradas.com.ar

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