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De competencia y de inseguridades
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Por: De Piero

Desde niña me gustaron las adivinanzas, esa sensación de “superioridad intelectual” por lograr dilucidar antes que otros –y de forma correcta- alguna incógnita; no era interesante cuando ya la sabía; es más, por lo general ni siquiera fingía ignorarla sino que antes de la conclusión del enunciado me apresuraba a dar la respuesta en un asalto de rectitud y ética. Podría mentir eso, pero prefiero ser sincera conmigo. Y eso equivale a aceptar que en realidad, contestar antes implicaba otra muestra más de “superioridad intelectual”, esta vez poniendo al interlocutor en una situación de desprestigio con su enigma vetusto y poco calificado para mentes avezadas en el arte de los acertijos.
Surge de allí una clara muestra de la conducta del hombre que cree que en la derrota y en la denigración ajena es donde reluce la brillantez propia. Patología del inseguro. Siendo, en verdad, que el ego humano se engrandece en la derrota de precarios pensamientos, trocados por nuevos conceptos. Así es como se alcanza el sumo potencial intelectual.

"...el hombre cree que en la derrota y en la denigración ajena es donde reluce la brillantez propia"

Es la competencia con el otro un facilismo que algunos eligen porque no hallan la forma de vencerse a sí mismos en sus limitaciones.

Redunda en estupidez creer que alguien es más inteligente porque su argumento tiene muchas posibilidades de parecer cierto; al igual que tratar de aferrarse a una teoría recurriendo a elevaciones del tono vocal (gritos) o a agresiones. Todo ello es prueba de inseguridad, que da paso al miedo pero no porque el otro nos halla “vencido” sino por el temor a tener que cambiar en nuestra idiosincrasia algo que llevamos años demostrándonos y solidificando. En vez de sentir gratitud por tener la posibilidad de mutar un concepto erróneo…
Hay discusiones que a veces finalizan con términos como: “se ve que no me entendés; es demasiado complicado para vos”, cuando en verdad quienes no entienden son los que pronuncian esas frases de nada, incapaces de traducir una idea de manera comprensible para el receptor.</P>
De igual manera se refleja esta política en aquellos que viven bajo la impronta de que “no hay que avivar giles” y que desconfían de su potencialidad creativa para la autosuperación. Así y bajo estas premisas, competencia e inseguridad son términos análogos y correlativos.