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Hijo de Ajo
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Por: Bews
El hombre detrás de la historia.
Libertad a lo libertario. Hiroshima (y Nagasaki). 1968. Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Bob Dylan. Poesías y poetas. Lo étnico y lo exótico. Latinoamérica. El universo paradójico de la autogestión. LSD. Teatro callejero. El hippie pide paz portando una flor. Política marginal. Naturismo. Las consignas del amor libre. Los gulags soviéticos. Vietnam y la Beat Generation. Anarquismo. La trova en el rock, el blues y el soul. Ecología. El primer cine de súper-ocho aleccionado por la Nouvelle Vague. El folclore gitano, el ye-ye español. Paul Bowles en Tánger. Los trabajadores enervados por las ideas de Karl Marx. Barcelona, Ibiza y Sevilla. Los sudamericanos Mario Vargas Llosa, José Donoso y Juan Carlos Onetti pasan por la Península. Concluye el autoritarismo de Francisco Franco. Tiempos de –activa- transición democrática. Largos puntos suspensivos.

De estas palabras y nombres propios, que enuncian tópicos gigantescos, está atravesada la vida del catalán hispanohablante José “Pepe” Ribas (53 años). Muchos han escuchado algo de esto –o gustado de un pedazo-, pocos lo han vivido todo auténtica y visceralmente. Ribas es uno de esos privilegiados, de los que todavía quedan y viven para contarla. En el caso de Pepe, con la panorámica especial que le dio la experiencia –radical- de fundar, dirigir y animar la mítica publicación “Ajoblanco” (1974-1980 y 1987-1999).
Ribas confiesa que quiere transmitir aquel ambiente eufórico de valores, arrojo y descubrimiento social para que los jóvenes del presente puedan conocer a fondo lo que sucedió durante la transición española, que es un poco la transición de todos los países golpeados por las dictaduras del siglo XX. Ese testimonio llevó al menos tres años de investigación y redacción, trabajos que el autor desarrolló en el aislamiento voluntario de la Girona rural (todavía Cataluña) y cuyas últimas páginas vino a escribir a la Patagonia argentina.

La utopía incógnita
El abogado Ribas atiende esta entrevista en el almuerzo de la última jornada del taller para publicaciones alternativas y culturales organizado por las fundaciones Nuevo Periodismo Iberoamericano, Carolina y Proa. Los caminitos de La Boca porteña, pletóricos de turismo de noviembre, ofrecen menúes y souvenires: Ribas habla bajo y difícil –con ese español de continuo- mientras espera las pastas. Reconoce: “he tenido una vida super intensa. Son años en los que confieso que he vivido. No los cambio para nada porque me han dado mi identidad, me han formado. Yo soy hijo de Ajo, una revista que ha influido mucho en la sociedad española. De ser los últimos hemos pasado a ser los primeros en temas como los gobiernos paritarios de mujeres y hombres; los derechos de los homosexuales, y la despenalización del consumo de marihuana. Ajoblanco ha ayudado a esto y me pone contento”.

-Dijiste que la revista se terminó porque no había causas porque, de alguna forma, el capitalismo se las había devorado.
-Por el contexto geográfico e histórico que provee Europa, las políticas de España, tanto del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) como las del Partido Popular (PP), son las mismas: las del neoliberalismo. Esto ha posibilitado que el país entre en el club de los ricos. Su nivel de desarrollo ahora es muy grande pero esto ha producido un desequilibrio brutal en las personas. Hay un consumismo bestial, una cultura basura enorme. Creo que esto sí que está provocando nuevas perspectivas porque, en realidad, no existe democracia, ni en España ni en ningún sitio. Son simulacros de democracia, con elecciones controladas por los grandes medios de comunicación, por las agencias de publicidad que crean las imágenes de los políticos y sus discursos… estos ya no responden a una verdad o a un proyecto sino a una táctica electoral. En América Latina pasa lo mismo pero con más corrupción: es enorme la diferencia entre el pobre y el rico. La inequidad permite que existan bolsas de radicalidad y de conciencia social más claras. Aquí es fácil ver dónde están unos y dónde están otros. Pienso que los latinoamericanos tienen más inquietudes y que no está tan domados por el consumismo.

"He tenido una vida super intensa. Son años en los que he confieso que he vivido. No los cambio para nada porque me han dado mi identidad, me han formado. Yo soy hijo de Ajo, una revista que ha influido
mucho en la sociedad española"

-¿El hombre hoy está más solo que el de antes?
-Sí, porque la ideología dominante, el pensamiento único del neoliberalismo, provoca aislamiento. El principio anglosajón que ha alimentado este sistema es el del individualismo calvinista, esto genera el narcisismo, el encerrarse en sí mismo, en la casa, la familia, el coche, el trabajo. Conlleva una gran insatisfacción porque el hombre es un ser social. Y la comunidad, en este momento, es una comunidad de consumidores y no de valores.

-¿Qué te sugiere la posmodernidad?
-Como moda ha sido nefasta porque, desde 1950, ha hecho de la cultura un plan estadounidense trazado por el Departamento de Estado a través de los congresos de la libertad cultural y de la promoción que esta institución hizo de la liberación y del pop. Estas corrientes pretenden acabar con el arte social y con el poder corrosivo de las vanguardias europeas.
Creo que el poder económico de Occidente ha intentado por todos los medios que el arte se convierta únicamente en un concepto estético, en un objeto decorativo que ayude a vender productos y no a transformar conciencias o a obtener emoción en el espectador. La posmodernidad ha sido la culminación de este proceso porque es una vacuidad absoluta. Vacío. De todas maneras, hay un aspecto que defiendo, aquel que reconoce que no hay una utopía posible sino una variedad de perspectivas utópicas. No hay un dios único, no hay una ideología única. Esto ha sido positivo, que no exista algo que resuelva todos los problemas sino que, más bien, hace falta una postura ética de profundización de la democracia.

Siempre comprometido
1 de octubre de 1974. Sale a la calle el primer número de Ajoblanco con un manifiesto imbuido de posiciones definidas y definitivas: “¿Por qué esta nueva revista?... Porque queremos intervenir, provocar, facilitar y usar una cultura creativa. Porque todavía somos utopistas. Porque, sencillamente, Ajoblanco se sitúa fuera de los cenáculos de los grandes iniciados en pasarse la pelota cultural. Ajoblanco no es una revista deportiva para información de jugadores de 1ª división…”
Ribas, quien conoció los tiempos de la izquierda proscrita y atropellada, se siente desilusionado de lo que hizo cuando, finalmente, accedió al poder: “la gran batalla es la educación. Los gobiernos socialistas españoles se han cargado el sistema educativo. Se da la paradoja de que, al término del franquismo, con un plan franquista, es mejor mi educación que la de los chavales que hoy tienen 20 años. Lo atribuyo a que tanto los socialdemócratas como los liberales han perseguido destruir la educación para no tener competencia, para consumar una sociedad dormida, manejable, fácil de conducir a los destinos de los intereses económicos”.
También cree que la mejor gestión estatal de la cultura es aquella que reparte medios para que la gente directamente los administre, sin la intervención de los burócratas. “Hay que crear centros culturales gestionados por la asamblea del barrio, no esos grandes museos cargados de pruritos internacionales que, además, están asociados a  fundaciones de los grandes multimillonarios, planteadas para evadir impuestos”, objeta Ribas quien, además, afirma: “con sus gustos imponen un tipo de creación artística que tiene mucho más que ver con la desmovilización social y con el arte como objeto decorativo que con aquel capaz de modificar a la sociedad, o que pueda emocionar en un sentido participativo”.

-¿Tuviste una infancia alegre?
-Fui hijo de un gran privilegio y por eso siempre he intentado conocer otros mundos. Esta ha sido mi obsesión desde los 18 años. Viví en un mundo bastante feliz, busqué a los otros; sobre todo a las otras clases sociales. Esa ha sido la gran aventura de mi vida. Y siempre he tratado de ser coherente con lo que aprendí. Pero me fascinó la contradicción, la problemática y esto me cambió. Siempre fui de buscar las preguntas en la práctica y no en los libros. Soy lector pero no me creo lo que leo sino lo que vivo y lo que veo.

Plus
Ajoblanco en dos tiempos
La revista de la transición española tuvo dos períodos: 1974-1980 y 1987-1999. En los momentos de mayor actividad logró colocar más de 100.000 ejemplares. Toni Puig y Fernando Mir fueron, junto a Ribas, los promotores históricos de la publicación. Esta tarea no estuvo exenta de momentos difíciles: un ejemplo es la clausura de 1976 por el dossier “Las Fallas de Valencia”.

También argentino
Ribas afirma que la última página de su libro –todavía no tiene título aunque sí subtítulo: “Ajoblanco en tiempos de libertad”- será concebida en la Argentina. “En los momentos en los que lo pasé mal, porque tenía dudas y tal, Argentina siempre me ha dado la moral. Tengo un vínculo muy especial con tres argentinos: Cecilia Roth, Marta Olivera y Ariel Rot. Con ellos he vivido la historia del país como si fuese argentino”.

Abogado para el cambio social
“No creo en la ley, sino en conocerla. Pero vivo inserto en una sociedad que no es ideal y que se mueve con leyes. Hay que estudiarlas para corregirlas. Pero esa transformación no sucede en diez minutos: hay un proceso por delante”, afirma Ribas quien se recibió de abogado durante la gestión de Ajoblanco.


 


José "Pepe" Ribas durante alguna de las cientas de entrevistas que realizó para Ajoblanco. Con la mirada agazapada, hizo hablar a la España en transición.


"En realidad, no existe democracia, ni en España ni en ningún sitio" (Pepe dixit)


La imagen es una postal de lo que fue el encuentro de periodistas y editores de publicaciones culturales iberoamericanas.


Ajoblanco tuvo dos apariciones: 1974-1980 y 1987-1999. Hay quienes especulan con un tercer período. Las utopías deciden.


La revista fundada por Ribas fue la primera en animarse a temas que hoy resultan remanidos, como el amor libre y la ecología. La libertad estaba ahí y Ajoblanco la aprovechó.


"Creo que el poder económico de Occidente ha intentado por todos los medios que el arte se convierta únicamente en un concepto estético" (Ribas dixit)