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El fin de las utopías y la muerte del rock (?!)
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Por: Motoneta
Federiquiteadas ad hoc
Hace una tonelada de años, como ciento veinte, Friedrich Nietzsche anunció la muerte de Dios. Habría sido en el bosque, en manos de los deicidas. En 1992, Francis Fukuyama firmó el certificado de defunción de las ideologías y anticipó el fin de la historia, mientras turistas japoneses compraban los restos del muro que se vendían, como souvenir, en las calles de Berlín. Centenares de rusos hacían cola para comer en Mc Donalds.
El 8 de abril de 1994, a los 27 años de edad, pone fin a su vida el mítico Kurt Cobain, silenciándose con él el último grito contracultural del rock. En el 95, Kravitz cuelga de los charts -y de la MTV- “Rock and Roll is dead”, una corrosiva canción-radiografía de los rockeros noventosos. Fito, por estas pampas, declara sin mayores complicaciones que “hasta le parece ingenuo el rock and roll”.
Efectivamente han muerto las ideas, los sueños y las revoluciones, y el mundo parece descansar sobre los valores etéreos de la posmodernidad. El Che Guevara volvió como remera, película y tatuaje. El SubComandante Marcos es fotografiado para Benetton mientras los ex heavyes de los ochentas se cortan el pelo, bajan los tempos, desenchufan las guitarras y hacen unas baladitas que están muy bien para La 100. Casi me olvidaba: sus majestades satánicas son condecorados por la Reina de Inglaterra.
Los sesentas con sus beatniks, happenings, LSD; con el quiebre generacional padres-hijos, el flower power, Woodstock, la revolución sexual y todo lo demás también. En esa sopa se cocinaba una nueva forma de entender la vida: el rock & roll, fenómeno cultural. Algunos años atrás, en plena Elvismanía, nadie se hubiese imaginado que vendría un tipo flaco, anti-cool y tristón como Dylan a decirles a los padres del mundo que se aparten de los sueños de sus hijos, abriéndole así las puertas de la música a la poesía de protesta y a la melancolía.

“Come mothers and fathers/ Throughout the land /And don't criticize What you can't understand / Your sons and your daughters Are beyond your command / Your old road is Rapidly agin”.

The times, they are a changin´ (1963)

Cuarenta años más tarde, las masas giran en el sinsentido. Interminables multitudes de alienados mueven su cuerpo sin emoción mientras un DJ con nickname en inglés “toca” música en una PC -aunque para Pappo eso sea “pinchar”, como le dijo a DJ Cattaneo en algún programa de TV-.
Otros, siguen pogueando con bandas-copias-baratas-vernáculas-stone, “rock chabón” que le dicen, pensando que caminar como gallinita desgarbada, usar flequillo y mochila grafitteada con estupideces en liquid paper es una actitud rebelde frente al sistema.
Quebrados todos los paradigmas contra los que se alzó el rock, agotados todos los ideales de cambio, ¿Qué es del rock hoy? ¿Una mera cadencia musical? ¿Un mito perimido? ¿O todavía quedan cosas por decir a este sagrado invento que ha revolucionado la forma de ver y pensar el mundo? ¿Hay un ethos rockero, o nos hemos quedado sólo con las formas, con la estética?

0-600 Molteni
Contrariado por este molesto estado de perplejidad, marco un par de números. Del otro lado, atiende Tony Molteni, frontman de Karma Sudaca, un tipo que puede preciarse de cargar sobre sus espaldas un buen pedazo de la historia del rock local (por eso debe ser que casi me cuelga cuando le pregunto si el rock está muerto...) De prólogo puso sobre la mesa los inicios del rock en pleno bajón post Malvinas. Los primeros discos que se conseguían, la constante búsqueda de respuestas, las reuniones para escuchar lo que salía, la primera FM, los intercambios de cassettes… Un ghetto del que no estaban excluidas las mujeres. Entre esto y aquello, sin anestesia, dispara unas palabras que valen más que mil imágenes: “con sólo escuchar un acorde....” Y eso basta para que la cinta del grabador corra sin noción del tiempo.

Es lo que es

Con plena convicción y con el carácter de dogma, me explica: “el rock es la revolución por la revolución misma, es la lucha por la libertad, por los genuinos valores, el desprendimiento de lo material”.
Pero va por más. “No sólo el rock está vivo, sino que es la única salvación cuando el sistema empieza a apoderarse de nosotros. Los medios te dicen qué tenés que escuchar y qué hacer y, frente a eso, el rock viene a decirte que seas vos mismo”.
O sea que, según Tony, el rock vino alguna vez a salvar el mundo. Y vuelve cada día para hacernos recordar quienes somos, para redimirnos. O quizás nunca se fue. En todo caso, esa fe lo mantiene vivo a él, insoportablemente vivo. Otros, más desesperanzados, esperan la segunda vuelta…
Por mi parte, y después de la charla, trato de terminar con alguna coherencia este texto, que más que aportar respuestas acercan más preguntas. En el aire suenan los Stones (“It’s only rock & roll but I like it”).
Quizá el rock sea simplemente eso y punto. Un buen rocanrol. Pero me gusta. Y que los sueños sigan en pie, con el sólo sonar de un acorde… por los siglos de los siglos… Amén.