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El padre que denuncia y espera
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Por: Gaby
La vida de Alberto Lebbos cambió en sólo dos semanas. De funcionario a “padre de la joven asesinada”. Un referente involuntario de la lucha en contra de la impunidad.

No hace falta presentarlo ni a él ni a Paulina porque no hay tucumano –ni probablemente argentino- que no haya oído hablar del caso Lebbos. Precisamente, este es su logro: ese “hacer ruido” que generó y que genera conversaciones cotidianas sobre la inseguridad y la impunidad. Cada semana, encabeza una marcha silenciosa. Signados por la muerte o la desaparición de un ser querido, cientos de ciudadanos quebrados lo siguen para suplicar justicia. Así, de a poco, se le fueron acercando otros padres destrozados, otros hijos sin madres y otras familias con  desaparecidos de la democracia. En poco tiempo, pasó de ser funcionario de segunda línea (subsecretario de la Juventud) a cofundador de la Comisión de Familiares de Víctimas de la Impunidad. Todos los martes en la plaza Independencia, todos los días en los pasillos de Tribunales: así transcurre la vida de Alberto Lebbos. “No nos gusta esto, pero se nos cerraron todos los otros caminos”, dispara. “Impusimos el tema en la agenda de la gente y lo ideal sería que esté en la de los funcionarios también porque ellos tienen el poder y la capacidad de cambiar las cosas”, asegura orgulloso.

"Creo que hay esperanza de cambio. La gente tiene que ser más protagonista. Hay que aplicar la sanción social que los griegos ejercían en
 los principios de la democracia".


-¿Por qué la gente reaccionó ahora?
-Esta movida sacó del anonimato a más de cien de casos impunes. Todos son trágicos, dramáticos y terribles, no sólo el de Pauli. Pero, por una serie de factores, la gente no sabe como reaccionar frente al dolor. Todo es un aprendizaje: yo aprendí mucho de los otros padres.

-¿Y porqué no lo hace el Gobierno?
-Porque responde a una cuestión ideológica. No está en la voluntad del gobernador José Alperovich revertir la situación. La inseguridad es miedo y esa sensación paraliza. El Gobierno fomenta la inseguridad para concentrar más poder. De esta manera pueden justificar las medidas restrictivas de los derechos y de las libertades de los ciudadanos.
Desde que desapareció Paulina hablé cuatro veces con el gobernador, y siempre me mintió. Ya no me interesa. Hablamos con el presidente de la Nación, con miembros de la Corte Suprema, pero no podemos dialogar con los personajes del gobierno provincial. Sucede igual que con las Abuelas de Plaza de Mayo, “dejalos a esos loquitos que vienen los martes”, deben decir. ¿Qué esperan? ¿Cuántas muertes más resiste esta situación?

-Usted fue parte de su gestión, ¿hace una autocrítica de ello?
-Estoy muy arrepentido de haberme incorporado a un equipo de gobierno tan maldito que está llevando a Tucumán a la perdición. A mi me convocaron por mi aptitud técnica en las áreas de trabajo social y empleo. Primero, para crear la Dirección de Empleo y luego, para reactivar la Subsecretaría de la Juventud. Trabajaba dieciséis horas por día aunque nunca viví del sueldo público, sino de mi actividad privada.

-¿Le ofrecieron ser candidato?
-Sí, muchas veces. Pero di mi palabra y no voy a participar en política hasta que no se esclarezca lo de Paulina. No estoy preparado espiritualmente. Mi familia quedó muy golpeada y no puedo someterla a más estrés. Además, no quiero rodearme del entorno político porque las campañas son tremendamente sucias.

-¿Cómo ve el futuro de la provincia?
-Creo que hay esperanza de cambio. La gente tiene que ser más protagonista. Hay que aplicar la sanción social que los griegos ejercían en los principios de la democracia. Los funcionarios deben rendirnos cuentas. Algo de eso está sucediendo a pequeña escala, en las comunas, por ejemplo, y eso es bueno.

DOLOR. La presencia de Alberto Lebbos es imprescindible para recordar a los tucumanos que perecieron injustamente.