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Guitarrista, profesor y guerrero de la cultura
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Por: De Piero
Carlos Podazza. Dos palabras para dos palabras, el nombre y el apellido de un tucumano imprescindible. “Nonino”, su taller (y otro faro indispensable de la atmósfera cultural de la capital), tiene el extraño –o tal vez melancólico- privilegio de haber sido el tema de una nota que la primera DIXI publicó en marzo de 2002. Tiempos de profunda incertidumbre que ni la revista ni Podazza olvidarán fácilmente. “Los alumnos son imprescindibles para mí. En épocas muy duras, cuando las familias tenían que cortar gastos, y lo primero que suprimían eran las clases de guitarra, enseñé gratis por que no soportaba ver las aulas vacías”, recuerda el guitarrista extraordinario con la mirada en trance. Entre la carrera profesional y la enseñanza, Podazza eligió el taller, es decir, lo segundo. “La docencia es el motor de mi vida”, añade sin redundar.
Esa pasión tan necesaria para la comunidad es el espacio que este tucumano enamorado de las seis cuerdas ha encontrado para edificar un sentimiento de esencialidad. El maestro opina que tiene que ser posible un mundo para imprescindibles, así como es posible que haya gente que se reúna para delinquir. “Todos tendrían que sentirse imprescindibles, porque pueden serlo. Sólo deben honrar la vida”, reflexiona y aconseja con sencillez.

La tristeza de los acordes
El maestro, para serlo con rigor, debe cargar con una cuota de dolor. Esa herida es parte de aquello que lo empuja a enseñar sin consuelo. La herida es la contracara de la utopía que el maestro persigue con desvelo, como si fuese un fantasma desleal, invisible y universal. El maestro lucha en cada una de sus clases contra el dolor que le provocan las dificultades que el artista debe sufrir por vivir y trabajar en Tucumán. Podazza lo sintetiza con las palabras del actor y director Olivera, otro Carlos inmortal e imprescindible, que repetía: “en Tucumán te perdonan que seas talentoso, pero no te perdonan el éxito”. El guitarrista no sólo adhiere a esta idea sino que asegura que la producción cultural de la provincia ha perdido espacio en el ámbito nacional y que hay mucha soledad para el músico o el artista que pretenda trascender los límites locales. “Muchas veces uno siente que la gente desmerece esta profesión, que no le dan valor a tu tarea, que creen que cualquiera puede lograr lo que hace ese que anda con la guitarrita…”, se lamenta.
La sensación amarga, afortunadamente, no llega a nublarlo todo. Podazza sabe que sus mayores satisfacciones provienen de su labor artística, aunque sean dolorosas las limitaciones del medio. Pero ese costado no deja de ser lo que alimenta su lucha. Y Tucumán es un lugar mejor porque hay un hombre como él y detrás suyo, cientos de alumnos con cuadernos, notas y guitarras.

Plus:
El lector puede consultar aquí la nota “En la casa de Podazza”, que ofrece información sobre Nonino, el taller fundado por Podazza,  y un interesante testimonio sobre la primera época de DIXI.

GUITARRA AGRADECIDA. La vocación de Podazza impidió que la falta de dinero fuese más fuerte que la necesidad de enseñar.