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Una década de equilibrio
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Por: Pablo Donzelli
Entrevista a Pablo Quiroga Curia, malabarista ciudadano.
-Contame Pablo, ¿cómo empezó todo?
-Hace exactamente diez años. Yo tenía 32 y, de alguna manera, me quería escapar del teatro. Me dieron un panfleto e inmediatamente lo supe: tenía que aprender circo urbano. Un muchacho de Monteros, Eugenio, daba clases para juntar fondos. Quería ir a Brasil. Una vez que obtuvo lo que buscaba, se fue y nunca más volvió. Yo tomé unas clases y practiqué sólo durante un tiempo. Me ejercitaba mucho. Un día me hablaron para hacer malabares dentro de una murga, me pagaban 40 pesos. Llamé a dos ex compañeros de mis primeras clases y armamos “Trapacería desvergonzada”. A partir de allí vinieron años vertiginosos, tanto que no podíamos conservar un nombre tan largo. Entonces quedó La Trapacería.

El Centro Cultural María Magdalena (Entre Ríos 303) fue el escenario de la entrevista. Mientras iban las preguntas y volvían las respuestas, más de una decena de jóvenes arrojaban al aire aros, clavas y pelotas, en tanto alguno daba sus primeros pasos -o giros- en un monociclo. Pablo Quiroga Curia iba de un lado a otro, corrigiendo y alentando a los alumnos. Me dieron unas ganas asombrosas de hacer malabares pero había ido hasta allí para otra cosa.

-Hablame de los primeros tiempos.
-Practicábamos en La Zona, a cambio del espacio les cedimos nuestros servicios. También lo hicimos en la plaza Urquiza. Íbamos a todas las marchas por los derechos humanos y al Hospital de Niños. También ocupamos los semáforos y, de a poco, nos empezaron a contratar para casamientos, cumpleaños y demás menesteres.

-¿Y después?
-Con el tiempo cada uno de los integrantes definió lo que quería hacer. De todos modos, nos queda la mística de esos tiempos. Discutíamos mucho, pero no de minas y de plata. Éramos un grupo de amigos en donde cada cual aportaba lo suyo y todo era muy importante. Después me volví a quedar solo.

-Disculpá, ¿qué tiene de divertido tirar pelotitas al aire y volverlas a agarrar?

-¿Qué tiene de divertido que 22 personas corran detrás de una pelota de fútbol? Los malabares son un juego para ejercitar la destreza, donde hay que superarse todo el tiempo. Además, tiene una estética porque es posible hacer figuras interesantes. En la medida en que aprendés, podés comenzar a innovar, a inventar e igualar a la gente que hace cosas increíbles. También están los zancos, el monociclo, las clavas, los aros… los malabares con fuego quedan muy lindos de noche. Imaginate si no hay para aprender cosas y para hacer que las rutinas no sean rutinarias.

-¿Cómo es el presente?
-Hay un nuevo grupo “la Trapacería” integrado por Juan Pablo Quiroga, Martín Muro Quiroga y Nicolás García Quiroga. Como verás, ahora somos una familia, de alguna forma es como volver al circo clásico. El año pasado llevamos el espectáculo “Básico Barullo” a una sala, lo que fue una muy buena experiencia. Además de trabajar con contratos en el interior y en los barrios, dictamos talleres aquí en María Magdalena. Viene bastante gente, como habrás podido apreciar.

-¿Y el futuro?
-Sueño con crear una escuela de malabares, “clown”, equilibrio y circo. Me gustaría traer gente de afuera e incorporar nuevas disciplinas.

-Entonces, en diez años más te vuelvo a entrevistar.

LA PERA COMO SOSTÉN. Pablo Quiroga Curia comenzó su carrera entreteniendo a los conductores que esperaban el paso en los semáforos.


MULTIPLICIDAD DE FIGURAS. Los malabares dependen del ingenio y de la destreza del malabarista.