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La última broma del Bazar Chino
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Por: Laly
Siguen los tucumanos imprescindibles...

Bombitas de olor, cartas mágicas, chicles picantes, dados truchos, caramelos salados, sangre falsa, lapiceras explosivas, vasos tramposos, bichos de goma, caretas de monstruos y tantos otros recursos para provocar sorpresas, arrancar gritos de susto y reír un rato. El 28 de diciembre –el día reservado para tramar chanzas contra los inocentes- era, sin duda, la jornada de mayor venta del Bazar Chino. Todas las bromas organizadas, inocentes (y no tanto), empleaban los productos del mítico negocio. Niños, adolescentes y hasta algún adulto picarito compraba en el bazar imaginándose el impacto que la adquisición causaría a su víctima.
Una señora de casi noventa años, siempre con su rodete nevado bien rígido, atendía al público con una expresión cómplice. Ella sabía exactamente cómo funcionaba cada uno de sus productos; algunos clientes dicen que, además de vender, daba clases de actuación que perfeccionaban la formación del bromista. La señora del rodete recomendaba, por ejemplo, que había que cultivar el arte del disimulo y no dejar que la broma se frustre por la ansiedad del autor. Ella pedía a los niños que no asustaran a su mamá y que no abusaran  de los chicles.
A menudo camino por esa galería oscura, perdida, casi triste, la galería del Bazar Chino. No sé cuál será su nombre verdadero, no lo supe antes, cuando concurría al negocio y no lo sé ahora. Al pasar por ahí, me invadía la nostalgia de esas bromas que hice y que me hicieron, pero siempre sonreía con el recuerdo de las cositas que, con moneditas, compré alguna vez en el Bazar. Hace poco, mi nostalgia se convirtió en asombro y congoja: el negocio ya no estaba, ni la viejita. Un local vacío, tranparente y frío era todo lo que quedaba. Pregunté a los comerciantes vecinos qué había ocurrido y no obtuve respuestas.

"La señora del rodete recomendaba, por ejemplo, que había que cultivar el arte del disimulo y no dejar que la broma se frustre por la ansiedad del autor. Ella pedía a los niños que no asustaran a su mamá y que no abusaran  de los chicles".

¿Será que a los chicos de hoy ya no les gustan las bromas? ¿Será que la viejita no pudo contra  “la play”? Prefiero pensar que el Bazar Chino desapareció por arte de magia. O que la dueña decidió hacernos una broma anticipada por el día de los inocentes.