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LA ANTENA: Un film mudo que habla de la comunicación
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Por: Juje - Caro ZP

“La base del pensamiento radica más en la imagen que en el lenguaje.”
Serguei M. Eisenstein


Conozco mucha gente que, a priori, se queja del cine argentino por pacato y repetitivo. La Antena, una película retro–futurista realizada por el director Esteban Sapir, les da a todos ellos la oportunidad para cambiar de parecer.

En el marco del BAFICI ‘07 (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente) había visto pasar el trailer de esta película y esperaba ansiosa el momento de su estreno. La Antena se mostraba como algo poco usual por estos pagos, con una impactante propuesta estética basada en el diseño de la imagen. Y el momento del estreno llegó al fin, y valió cada segundo de su espera… Al terminar de ver pasar los títulos, en la pantalla del teatro Coliseo, supe que tenía que hablar con Esteban.

Luego de rastrearlo por unos días, al fin nos juntamos en el altillo de la productora ladobleA. De entrada me llamó la atención la escalera que nos conducía hasta lo más alto del edificio, dónde está ubicada su oficina: una de esas “escaleras caracol” que al subir te generan vértigo y que, con sólo verlas, te producen un efecto hipnótico similar al de los “alimentos TV” de su película. En las paredes había fotos familiares y una inmensa tabla periódica de los elementos, sobre su escritorio un cartel lo llamaba Dr. Taylor, y una bola de cristal verde me tentaba a preguntar el futuro. Pero enseguida Esteban propuso ir a unos sillones, al costado de la mesa, para que la cosa no parezca una consulta médica.

-¿Cómo te animaste a una cosa así?
-Desde Picado Fino (su opera prima) hasta ahora pasaron 12 años en los que me dediqué a laburar en publicidad, y haber hecho una película después de tanto tiempo tiene varias razones: primero que es algo sumamente autoreferencial, un autorretrato sofisticado de mi persona y de mi experiencia vivida durante todo este tiempo. Segundo, me motivaba el hecho de hacer algo nuevo y diferente, porque siento que hoy en día lo audiovisual, a diferencia de 10 años atrás, ocupa un lugar muy fuerte en la vida de todos. La sociedad pasó de ser algo que se alimentaba de los libros y los textos para alimentarse de las imágenes y el sonido.
Por último, también me interesaba rescatar un lenguaje que hoy por hoy está en desuso pero que fue el lenguaje del nacimiento del cine. El cine mudo, el expresionismo alemán, el cine ruso, Vertov y Eisenstein… ese nacimiento del cine provocó un texto muy particular que luego se fue perdiendo. El cine terminó pareciéndose más a la televisión, se convirtió en una suerte de mezcla de teatro, literatura, e imágenes. La idea de la película era un poco romper con eso, movilizar y sorprender.

-¿Cuáles fueron los inicios de la película y cómo trabajaste el guión?
-Este proyecto nació desde una idea puramente visual, desde el diseño de la imagen. A partir de cómo yo quería hacer una película surgió después el tema. No es que el tema surgió desde un guión, sino desde la imagen. Yo soy fotógrafo y me interesaba narrar una historia con imágenes, por eso partí desde ahí. Tenía la idea de hacer algo con textos integrados a las imágenes y entonces surgió la idea de un film mudo. Y un film mudo que hable de la comunicación y de la imposibilidad de poder comunicarse de manera propia. Y así se fueron dando los textos. ¿Cómo puedo reinterpretar lo que en el viejo cine eran los carteles puestos entre toma y toma? bueno, lo reinterpreto a través del cómic, que me da la capacidad de poder diseñar los títulos junto a los personajes, y que interactúen con ellos para darles esa intención que la voz tiene y que, como acá es inexistente, el movimiento de los texto de alguna forma expresa. Si el personaje grita el texto se agranda; si esconde un secreto, el texto está por detrás del personaje vedado; si tiene una idea, el texto surge de golpe en su cabeza. En medio de esas composiciones surrealistas y de planos-ideas, se va construyendo la película.

-Una posible interpretación de la película consiste en relacionarla con la dictadura militar, donde “el poder” no deja hablar al pueblo.
-No lo había pensado exactamente así pero creo que también tiene que ver un poco con eso, porque si uno hace una película dónde transmite sus propias vivencias es muy probable que las vivencias de muchas otras personas sean las mismas o tenga puntos referenciales. Yo no tuve la intención de referirme a la dictadura, pero soy de una generación que vivió su adolescencia posterior a ese momento y es posible que se vea reflejado. Si tiene que ver con la represión, al menos de los medios de comunicación que impiden que nosotros podamos exponer nuestras propias ideas. El mal uso de los medios genera un manejo tremendo de la opinión pública. La gente cree más en lo que ve en la tele que en lo que piensa de forma propia. Tiene que ver con esa falta de libertad. Es muy probable que haya gente que interprete esto de manera política, porque todo es político hoy en día. Y cada cual verá la película desde su propio lugar y eso es lo interesante del proyecto, que no tiene una sola mirada sino que subyacen un montón de elementos en los que uno puede entrar y puede interpretar a su manera una misma idea. Utilizar la simbología de la esvástica y la estrella de David también puede dar a muchas interpretaciones.

-¿Por qué elegiste esos elementos?
-Básicamente tiene que ver con crear dos íconos muy importantes en relación a los que someten y a los que son sometidos. Dos íconos históricos que hacen aún más dura esa diferencia. La película arranca de alguna manera muy naif, parece que se está contando un cuento fantástico, un cuentito, y a medida que transcurre se va volviendo más dura. Y usar esos 2 iconos transforma el mensaje final en algo más duro, más impactante. Tiene que ver también con mi historia y la historia de mis abuelos cuyas familias murieron en campos de concentración. Por eso te digo que es muy autoreferencial toda la película y que en eso hay muchos elementos inconscientes que ni yo puedo explicar y que de repente una mirada externa pueden sustraer.

-¿Qué representan los “hombres globos” dentro de esta historia?
-Los hombres globos son una promo de los alimentos tv: “súmese al concurso y transfórmese en un hombre volador”. El hombre globo que pide auxilio al principio es una alegoría de aquello que se pierde, como esa libertad que de repente se transforma en pesadilla: quiero volar, quiero volar, pero de repente se corta la soga y vas a la deriva por el resto de la película. Por otro lado, también es el medio que la familia utiliza para llegar a la antena: volando. Y aquí eso representa la imaginación. Usando la imaginación yo puedo llegar hasta este lugar y pudo contrapesar el efecto de los medios de comunicación. Utilizando mi propia imaginación, mi propia capacidad de vuelo.

-Las galletitas son un producto de la TV quien, a través de la Publicidad, te lleva a comprar y consumir… ¿Esto es una suerte de mea-culpa?
-No es culpa, es un poco el proceso. Las galletas simbolizan para mí el alimento de imagen y sonido al que uno está expuesto de forma permanente. El mundo audiovisual que nos rodea sin duda nos alimenta y los “alimentos TV” simbolizan eso. La alegoría en relación a la publicidad y a la tv está, pero la película no es una crítica a la tecnología sino que es una crítica al mal uso de esa tecnología, a través de lo audiovisual.

Con relación a tu pregunta, creo que también la película tiene que ver con una catarsis, que es inconsciente pero que es así. Una catarsis de todos estos 10 años en que estuve haciendo comerciales, porque yo desde Picado Fino hasta hoy no pude exponerme como autor en algo. Cuando uno hace publicidad siempre está haciendo un trabajo para otro, un trabajo que es profesional, alucinante, y que te deja un montón de conocimientos.

-¿Cómo te manejaste con los tiempos en la realización de este film?
-Estuve 3 años con el proyecto de la película y fue genial. El tiempo es algo fundamental para mí en la realización de una obra. Yo no entiendo cómo alguien en 6 meses te puede hacer una película. A mi me resulta muy difícil. Esta vez, lo que más tiempo nos llevó fue el trabajo con las máquinas, con las computadoras en post producción, porque la edición fue muy importante y era complejo lograr que todo el equipo trabajase en lo mismo. La película fue hecha con un storyboard de 3.000 dibujos que realicé durante meses. Después los llevé al dibujante Alfredo Flores, que agarró mis dibujos y los hizo legibles a la gente. Pudo hacer como una historieta de toda la película, y en base al diseño de esas imágenes posteriormente se realizó la edición. El editor miraba los dibujos y agarraba el material y lo armaba. Eso es lo que más costó, casi 1 año y pico de post-producción.

-Siendo vos fotógrafo ¿Cómo fue tu relación con el trabajo de fotografía en la película?
-La fotografía la hizo Christian Cottet, que es un fotógrafo de primera línea. Con él hablamos mucho de la luz, vimos películas como Metrópolis y demás del período expresionista. Queríamos trabajar algo muy gráfico, pero al mismo tiempo había mucho de composición, entonces casi el 50% de la película fue hecha delante de una tela de green y era todo virtual.

Mi intención en relación al arte y a la fotografía era que el carácter gráfico de la película sea muy concreto. Que desde el decorado se note que la ciudad estába hecha de cartón, que se noten los recortes, que se note la manipulación, la gráfica y que tenga también una impronta naif. Era fundamental que el cuento y el mundo fantástico sean como cuando vos lees los cuentos para chicos, con esos troquelados que se abren y aparece esa cosa mágica, que es de cartón pero que es algo mágico y que te fascina desde eso, desde la inocencia. Bueno yo quería que con la película suceda un poco eso. No tiene los efectos de Matrix pero la intención era que el espectador se acerque a través de lo naif y de lúdico, porque todo lo que pasa parece de un mundo de juguetes. Todas estas referencias yo se los daba al fotógrafo y a Daniel Gimelberg, el director de arte, para ver como lográbamos crear un mundo así y después ellos me proponían distintas alternativas. La música es otro punto fundamental de la película y fue Leo Sujatovich quien se encargó de componerla y desarrollarla. Yo simplemente guiaba hacia lo que quería, pero no me iba a involucrar en eso.

-¿Cómo crees que va a reaccionar la gente ante esta propuesta?
-No lo sé. La película es tan particular que supongo que va a dividir mucho las aguas. Me parece que la película en sí misma, como estructura, carece de referencia. Yo no utilicé ningún referente concreto, sino que tiene elementos de muchas cosas: del cine mudo, del surrealismo, del cómic. Todo mezclado en una suerte de colage postmoderno que es la película. Es como un relato, al mismo tiempo ayornado, que tiene que ver con lo que nos pasa a todos o al menos a cierta generación. Yo siempre les digo a mis socios que lo que sucede con una película se reconoce recién a los 5 años, porque en lo inmediato puede ser increíble y después puede quedar en el olvido o viceversa. Pero la intención fue ser fiel a mi propia visión del mundo y poder realizar algo diferente, poder proponer algo distinto.

Muda (o casi muda), en blanco y negro, con imágenes surrealistas, con reminiscencias del expresionismo alemán y elementos modernos del cómic, La Antena resulta sin dudas un extraño espécimen en el panorama local. “El soporte audiovisual del presente vuelve a sus fuentes originarias y se regenera, para ofrecer un producto de una modernidad futurista apabullante”.

Plus: 
Dirección y Guión: Esteban Sapir. Director de Producción: Alejandro Cinelli. Jefe de Producción: Claudia Ferrero. Productores Ejecutivos: Gonzalo Agulla y José Arnal. Director de fotografía: Christian Cottet (ADF). Director de arte: Daniel Gimelberg. Música: Leo Sujatovich. Editor: Pablo Barbieri. Diseño gráfico y Post-producción: Tomás García y Fernando Sarmiento (SAGAS). Intérpretes: Valeria Bertuccelli, Alejandro Urdapilleta, Julieta Cardinali, Rafael Ferro y Florencia Raggi. Duración: 90 minutos. País: Argentina. Año: 2007. Web: http://www.laantena.ladoblea.com

 

 

 

 

La intención de Sapir fue acentuar la presentación de materiales falsos como el cartón para crear un efecto naif.