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Lo que fue y será
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Por: Mecha
Nuestra ciudad habla a través del recuerdo de sus rincones históricos: ¡cuántos proyectos, cuánta gesta y cuánta patria para la posteridad!

29 de agosto de 1810: En una casa de 25 de mayo casi 24 de Septiembre, Doña Josefa Aráoz Balderrama da a luz a su cuarto y último hijo, cuya relevancia en nuestro país nunca llegará a conocer. Esto debido a  su muerte prematura que deja a su marido, Salvador, con la difícil tarea de criar al  bebé (que recibió en nombre de Juan Bautista)  y a los demás vástagos de la familia. Juan Bautista escribiría años después melancólicamente: “Mi madre había dejado de existir con ocasión y por causa de mi nacimiento. Puedo así decir, como Rousseau, que mi nacimiento fue mi primera desgracia”.
29 de agosto de 2002: El mismo lugar adonde otrora estaba emplazado el solar de los Alberdi, hoy se yergue un local con características bien diferentes .Este lugar, que debería ser venerado, hoy es nada más y nada menos que un boliche bailable muy concurrido y popular .Destino poco feliz pero nada extraño para lo que estamos acostumbrados en Tucumán: ya vimos a la vivienda de Ezequiel Molina (24 de septiembre 635) convertida en un “práctico” estacionamiento; a la soberbia casa del industrial Ramón Paz Posse (Rivadavia y Mendoza) en oficina pública y al solar que albergó al ilustre filósofo Alberto Rougés (24 de septiembre 354), devenido en feria de comidas. La lista es interminable.
Pero para qué ahondar en lamentos inútiles que no pueden enmendar lo ya hecho, ni subsanar la falta de una adecuada política de estado al respecto. Es posible, sí, como homenaje al padre de nuestra Carta Magna, trazar una pequeña descripción del lugar adonde el prócer recibió sus primeras lecciones de vida (en las rodillas de su padre o de un gran amigo de la familia: el General Belgrano). Espacio que si estuviera en pie, sería sin duda objeto de culto obligado entre los admiradores de Alberdi.

La Casa de Salvador de Alberdi

“Instalada precisamente en la actual 25 de mayo, adonde hoy funciona la confitería “La Recova”, ocupaba un cuarto de solar con la típica tipología de patios sucesivos, según la inconfundible tradición virreinal española” relata la arquitecta Liliana Meyer, autora de un estudio acerca de la casa  de Alberdi publicado en el diario “La Gaceta”.
El frente de la casa estaba dividido por pilastras de ladrillo y contaba con tres puertas de dos hojas, pintadas al óleo, y una ventana enrejada. Dos de estas puertas conducían a la tienda y a la botica de Don Salvador. La casa contaba, además, con gruesas paredes de adobe y techo cubierto de cañizo y teja.
La tercera  puerta conducía al zaguán, que era la entrada de la familia al ámbito privado, y desembocada en el patio principal de la casa.  En la pared sur del mismo había una puerta y dos ventanas que confluían a su vez en la sala rectangular y en uno de los aposentos de la casa. La primera de esas habitaciones estaba ornamentada humildemente: sólo con un par de utensillos de plata, sillas de brazos torneados, una mesa pie de cabra, un reloj de música y varios libros en sencillos estantes de madera.
Mas allá del primer patio, que daba a la sala descripta y a un aposento, estaba el segundo patio . Se  accedía a éste por medio de la abertura de un alto tabique de ladrillo que ocultaba la zona destinada a la servidumbre. Hacia el costado se encontraban el comedor y, contiguamente, el cuarto de los criados.
Hacia el fondo de la casa había una espaciosa cocina, una despensa y el común (o baño). Entre la cocina y la despensa, un corredor comunicaba a la huerta de la casa, que contaba con un pozo y varios frutales.  
En esta casa vivió Juan Bautista Alberdi hasta 1824, cuando partió a Buenos Aires para estudiar en el “Colegio de Ciencias Morales” gracias a una beca obtenida del Gobierno. Mas adelante desarrollaría una brillante carrera fuera de la provincia.   
El jurista solo volvería una vez a Tucumán pero nunca olvidaría a su gente, según testimonian las cartas escritas a sus parientes y amigos. El recuerdo de sus padres y una infancia apacible en su casa solariega tampoco lo abandonarían fácilmente. Así, garabateó, con un dejo de nostalgia: "Mas que la tierra en que hemos nacido, somos por nuestra naturaleza física y moral reproducción o la nueva edificación de nuestros padres. Asi, dar de ellos una idea es explicar la mitad de lo que somos nosotros mismos”.
Reflexionando acerca de lo que fue la casa y lo que es hoy en día, no podemos sino pensar que hechos como la desaparición de la residencia de Alberdi son un llamado de atención para los ciudadanos y los dirigentes acerca de la importancia de preservar nuestro patrimonio,  al menos del que todavía no ha sido víctima de la piqueta. Y por qué no soñar en un futuro con la posibilidad de, a semejanza de los casos de la Casa Histórica y del Cabildo de Buenos Aires, reconstruir la casa del inspirador de nuestra Constitución y habilitarla como Museo o Centro Cultural.


El prócer, la vigencia.


Reconstrucción del frente de la residencia, efectuada por Salazar en 1994